En el momento presente hay un argumento antihistórico sobre el pensamiento de Bolívar, que al tener intenciones ideológicas-propagandísticas y marcada intención política, oculta sus expresiones como aquella que dice: “Yo soy, Granadinos… siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria”.

Tal hecho genera confusión, distorsión y mala fe, elevadas a la quinta potencia por el “chavismo” y sus seguidores en Venezuela y fuera de esta. Es la posición de presentar a Bolívar como lo que no fue, que busca hacerlo un socialista del siglo XXI, atentando contra sus principios, su memoria y falseando la historia.

“Así le está sucediendo al pueblo venezolano al arrojar por la borda su destino histórico, poniéndolo en manos del voluntarismo bolivariano de Hugo Chávez Frías, y de quienes comparten activamente con él la culpa de intentar hacer que la sociedad venezolana retroceda medio siglo”.2

Por esto se ha dicho que con su llegada al poder el oportunismo político da una interpretación radical a la mitomanía bolivariana. Que ni siquiera comprende la verdad candente que implica su decir: “…no son los hombres vulgares los que pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad…”.3 Además, como lo afirma Carrera Damas “Chávez es el producto híbrido de un culto oficial que no vaciló en proclamar que el más santo de los deberes militares será el amor a la Patria y el respeto y admiración hacia sus libertadores”.4 A quien encajan perfectamente las palabras del Libertador “No usurparé una autoridad que no me toca: yo os declaro, pueblos, que ninguno puede poseer vuestra soberanía, sino violenta e ilegítimamente!”. “Huid del país donde solo uno ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.5

Cómo puede Bolívar ser hoy un socialista y extremista, en que se inspira esta nueva corriente bolivariana, si él afirmaba que “Todo gobierno destinado a durar para fines superiores, debe fundarse en una aristocracia”. 6 Bolívar, a lo largo de su vida se definió a sí mismo como un político precavido y acertado en el juicio de los hombres, hábil para reconocer lo profundo del corazón de quienes trataba y cuáles eran los móviles de sus acciones. Por eso afirmaba que “los hombres que dicen conocer la política, que se dicen hombres de Estado, deben preverlo todo, deben saber obrar como tales y probar con resultados que efectivamente son tales como se creen”.

El accionar público de Bolívar es irreprochable y extremadamente pulcro en el manejo de los fondos públicos. Él sentía una satisfacción auténtica y daba el valor de lo sagrado a la rendición de cuentas de su administración al Congreso. Por eso, su ética aplicada a la administración de los dineros del Estado, lo lleva a decir: “la hacienda nacional no es de quien os gobierna. Todos los depositarios de vuestros intereses deben demostraros el uso que han hecho de ellos”.

Cuando presenta en Angostura el proyecto de constitución exige la constancia de una celosa vigilancia para que las rentas públicas sean invertidas legítimamente en beneficio de la sociedad, y llevar ante el Congreso, tanto a contribuyentes, administradores como al gobierno responsable, para ser acusados públicamente como defraudadores. 7 No le era suficiente que los ciudadanos cumpliesen las leyes, consideraba “necesario que cada ciudadano se sintiera y fuera celoso guardián de su observancia”, destacando que la “honradez administrativa es la más confiable y segura piedra de toque usada por los pueblos para apreciar la solidez moral de sus dirigentes”.

Su desprendimiento es tal que ni sueldos ni haberes le interesan (cosa que no pasa con sus seguidores de hoy). En 1804, al iniciar su vida pública era un hombre muy rico, y en la guerra por la independencia se evaporó todo su patrimonio. Y casi al final de su vida, acaba diciendo: “Quisiera tener una fortuna material para dar a cada colombiano; pero no tengo nada: no tengo más que corazón para amarlos y una espada para defenderlos”. Después de tres lustros en los cuales debió manejar, sin más control que el de sus rigurosos principios, los erarios de Venezuela, Colombia y Perú, muere en la pobreza; así declara en su testamento: “No poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles“.

Era de aquellos que no toleraba la corrupción, y dentro de la línea impuesta al nuevo orden administrativo, el 11 de septiembre de 1813, promulga un decreto defendiendo a los estancos como la única fuente de ingresos que tenía la revolución: “Todo aquel que fuera convencido de haber defraudado los caudales de la renta nacional de tabaco, o vendiéndolo clandestinamente fuera del estanco, o dilapidándolos con robos y manejos ilícitos, será pasado por las armas, y embargados sus bienes para deducir los gastos y perjuicios que origine”.8

Igual cosa impone en Lima el 12 de enero de 1824 cuando comenzada la campaña peruana, decretó: “Todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital”. Y amenaza a los jueces con que “sufrirían igual sanción los funcionarios que por connivencia, parcialidad u otra cualquiera causa, mitigaran la pena capital en favor de los delincuentes”.9

Apasionado por la verdad y aferrado a una honestidad a toda prueba, cuando el Congreso del Perú dispone para él, entre homenajes varios, la recompensa de un millón de pesos, Bolívar la rechaza por dos veces. Reacciona enérgicamente diciendo en su respuesta final: “no haber poder humano que me obligue a aceptar un don que mi conciencia repugna”. Cada referencia que hace a estas virtudes de pocos es lapidaria: “Los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública. El talento sin probidad es un azote”.

Además, es evidente que Bolívar es liberal, pues constituye el prototipo del hombre adherido a la libertad, y por ende, como hijo del siglo XIX está por un bien definido pensamiento liberal. La distorsión que se hace de sus ideas, presentándolo como izquierdista, socialista o marxista, no es sino producto del desconocimiento que fundamentalistas dogmáticos tienen sobre sus ideas y trayectoria histórica. Bolívar es un “afortunado mortal porque fue grande por sus hazañas guerreras […] y supo permanecer fiel a la libertad como hijo sumiso que era […] Gran lección para nuestra vieja Europa, siempre dispuesta a calificar de ilusorios a estos gloriosos principios” (Filippi, 1986: 237).

De este modo, consecuente con sus ideales liberales, sostiene que “La libertad, sencilla y simplemente, es el poder que tiene cada hombre de hacer todo cuanto no esté prohibido por la ley. La libertad de expresar el pensamiento es, nada menos, el primero y más inestimable don de la naturaleza. Ni aun la ley misma podrá jamás prohibirlo, y sólo podrá señalarle justos términos”.10 Y estos son principios liberales.

En cuanto a su intransigencia contra la tiranía y el despotismo, como liberal de la época la repudió. Por eso decía: “Siempre es grande, siempre es noble, siempre es justo conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inicua”. Y al referirse a las grandes revoluciones incita a los ciudadanos valerosos: “Todos los pueblos del Mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”. Su amor a la patria y odio a la tiranía aparecen en él como sentimientos análogos que se complementan. Y solo él pudo expresar una sentencia tan breve como categórica: “…no envainaré jamás la espada, mientras la libertad de mi patria no esté completamente asegurada”.11

Desde el descubrimiento y el surgimiento del Nuevo Mundo, los indígenas, mestizos y criollos, buscaron siempre lo que Simón Bolívar, comprometido con las transformaciones y las luchas anticoloniales, después de tres siglos fue capaz de realizar en su espacio americano: la ruptura total con el dominio colonial. Por su incansable y heroico accionar, por su obstinada determinación por alcanzar la libertad americana, Bolívar pasó a ser la encarnación del guerrero legendario y ejemplo a seguir para todos sus contemporáneos.

Los servicios prestados al mundo latinoamericano en los órdenes de política, transformación social y económica, derecho internacional, cultura e historia, fueron su gloria. Su dogma, la independencia y la unidad moral de los pueblos americanos. Y todos ellos junto a su honda y constante preocupación por su compenetración y solidaridad, son los que universalizan al Libertador y “lo levantan sobre los tiempos, el diáfano signo de su tenacidad aglutinadora de lo homogéneo, la enseñanza que entraña su dedicación a una razón suprema de vivir o morir, y el trágico desvelo de su lealtad inconmovible a la inmensa patria de lenguajes romances, de afinidades sustantivas y de intereses coincidentes” (Salcedo Bastardo). Lo cual, según una mayoría de historiadores de múltiples nacionalidades, no solo enmarca el destino americano, sino que es el trance crítico entre su presente y futuro.

De Bolívar se ha dicho que fue un estratega audaz que poseía una gran sensibilidad y talento para seleccionar acertadamente a sus generales, entre ellos, Santander y Sucre, éste último más destacado aun. Además, supo organizar las guerras de independencia y creó el poder político y militar para oponerse al imperio colonial español. Bolívar es el genio militar que tenía “fuego en el estómago”, él mismo, poco tiempo antes de la rendición de Pasto, dijo estar poseído por el “demonio de la guerra” que lo impulsaba a ganarla a como diere lugar. No dudó en lograr acuerdos y pactar alianzas con el capitalismo inglés en ascenso, porque pensaba que “Nuestra federación americana no puede subsistir si no la toma bajo su protección Inglaterra” (Carta de Bolívar a Santander, 26-6-1825).

Bolívar fue un lider que, basado en las necesidades políticas del momento, va más allá de lo local y lo nacional. Él se plantea la unidad y no la división de las naciones, sueña con una patria grande, una América armónica de naciones unidas con plenas aspiraciones capitales. Para ello considera como norma fundamental a “la libertad y la justicia sobre todas las cosas, la igualdad absoluta racial y social, la redención de su pobreza secular vale decir, reivindicaciones tangibles que en todas partes son las mismas, la posibilidad de su plena realización en la cultura, y el señorío legítimo y verídico sobre su heredad”. 12

Comprendió que la independencia de Venezuela y Nueva Granada no podría ser alcanzada por separado, que era menester crear un frente unificado que permita armar una defensa efgectiva “contra la contrarrevolución española desde el sur y por lo tanto Ecuador tenía que ser conquistado e incorporado a la unión” (Lynch). Y una vez alcanzado el triunfo de Pichincha, como efecto y consecuencia de la revolución del 9 de Octubre, decide buscar la libertad del Perú, pues, la presencia de tropas españolas en ese territorio constituían una grave amenaza a la supervivencia de la Colombia de sus sueños.

Finalmente, separados los caminos histórico-políticos de España y América, van a sucederse en el siglo XIX diferentes iniciativas oficiales de reencontrar la unidad. En muchos Congresos de nula efectividad se intentó plasmarlas. El primero fue su hacer realidad aquel bello sueño expresado en la “Carta de Jamaica”, que tomó cuerpo en el llamado Congreso de Panamá. En 1822, Presidente de Colombia, invitó a los gobiernos de México, Perú, Chile y Buenos Aires a formar una Confederación y a reunirse con él en el Istmo de Panamá en asamblea de plenipotenciarios. 13 Más tarde, en 1824, a la sazón Presidente de Colombia y de Perú, volvió a invitar a las naciones surgidas de la conquista a un Congreso continental, al que contaba con la asistencia de Inglaterra, que no asistió.14

Sin embargo, vale anotar que en circunstancias adversas, el Libertador intentó encontrar una salida a la larga lucha por la independencia, pidiendo a su comisionado en Londres, Francisco Antonio de Zea, que presentase al embajador español, Duque de Frías, el “Proyecto de Decreto sobre la emancipación de América y su confederación con España formando un grande Imperio federal”. 37 años atrás, un proyecto de “monarquía federal” había sido presentado al rey Carlos III por el conde de Aranda.15

Bolívar, en la búsqueda de su utópica unidad latinoamericana avizora la constitución de una federación formada por naciones independientes, pero ligadas por una ley común emanada de un congreso general y permanente. Por eso, afirma Salcedo Bastardo: “Tan íntima y segura fue la convicción americanista de Bolívar que jamás la abandonó, ni aun bajo el impacto de las más hostiles incomprensiones. Cuando sobre los tan menguados frutos de Panamá se cierne la amenaza de la frustración total, pues ninguna de las naciones signatarias de los acuerdos del Istmo los ratificaría, excepto Colombia, Bolívar declara su fe inalterable en los principios que mueven su afán integracionista” Y agrega más adelante: “Este esfuerzo asociacionista último cumplido en el ciclo de la Dictadura, donde quiso vanamente salvar la Revolución, cierra el capítulo de sus iniciativas prácticas para hacer una materialidad tangible el gran principio de la unión. A muy poco de allí Bolívar sería tema para la posteridad”.

El Libertador aprecia la libertad como un principio liberal y repudia el totalitarismo propio de la monarquía, y con mayor razón a la forma de gobierno privativa de marxistas y comunistas, anti democráticos. Por eso se pronunció sin ninguna reserva por la forma democrática, no pudo lograrla en el grado deseable porque su tiempo todo fue, como él decía, “una campaña”. “Ya sois hombres libres, independientes de toda autoridad, que no sea la constituida por vuestros sufragios, y únicamente sujetos a vuestra propia voluntad, y al voto de vuestra conciencia legalmente pronunciado según lo prescribe la sabia Constitución que vais a reconocer y a jurar. Constitución que asegura la libertad civil de los derechos del ciudadano en su propiedad, vida y honor; y que además de conservar ilesos estos sagrados derechos, pone al ciudadano en aptitud de desplegar sus talentos e industria, con todas las ventajas que se pueden obtener en una sociedad civil, la más perfecta a que el hombre puede aspirar sobre la tierra“.16

Por eso debemos tener muy presente, en los días que corren, que en distintos lugares de América se atropella el sistema democrático, basado exacta y justamente en el voto limpio y puro de las mayorías, las enseñanzas de Bolívar y sus consejos cobran una viva y trascendental actualidad. Esto es necesario recordarlo para no atribuirle a Bolívar lo que nunca fue. Hemos de recordarlo y valorarlo como el liberal que se comprometió en la lucha liberal.

Finalmente, debo puntualizar que en Bolívar hay una actitud de defensa de la libertad y del ejercicio del poder fundamentado en esta y no en la opresión y la tiranía. Para él la práctica democrática es irreprochable, por eso afirmaba que: “sólo la democracia es susceptible de una absoluta libertad”.17 Sus miras, su gloria, y toda su persona están cifradas en la libertad como: “único objeto digno del sacrificio de la vida de los hombres”.18 Por eso, sus conceptos y definiciones sostienen que: “La libertad es el poder que tiene cada hombre de hacer cuanto no esté prohibido por la ley. La ley es la única regla a que debe arreglar su conducta”.19 Sobre al don de la libertad en el pensamiento, afirma: “Ni aun la ley misma podrá jamás prohibirlo”.20 Acepta implantar una censura sobre libros, periódicos, etc., siempre que sea posterior a su publicación; que los gobiernos opinen sobre estos, orienten el pensamiento pero jamás impidan su expresión. “El ejercicio de la libertad, lo ha dicho en las más variadas formas, no es fácil; y en el buen uso de la misma, cuenta mucho la experiencia que por lo demás no puede adquirirse nunca bajo regímenes autocráticos”.

Con seguridad, señores y señoras, Simón Bolívar, el liberal revolucionario hubiera sido el primero en oponerse a que una república, un régimen o una unidad de naciones que quiera llamarse “naciones bolivarianas”. Tengan por seguro que él hubiera preferido que se llamen “Naciones libres de América libre”, capaces de defender la libertad económica, la libertad política, la libertad social, la libertad cultural.

Tengan también por cierto que se opondría tenaz y firmemente a que manipulando sus ideas se lo presente como socialista del siglo XXI. Lo haría, porque, en la teoría y en la práctica, fue un liberal revolucionario y un transformador de la sociedad hispanoamericana del siglo XIX que se oponía a la tiranía y al totalitarismo del coloniaje español.

Por eso hoy mas que nunca debemos estar en vigilancia, respecto a la actitud y acción de aquellos que quieren arrancarlo del siglo XIX y ponerlo con su espada y en su corcel como comandante de la huestes del socialismo del siglo XXI, que busca instaurar el totalitarismo y romper con las libertades economías, sociales, políticas y culturales por las que tanto luchó.

Y lo decimos así porque si hay un bolivarismo, si es que cabría hablar de un bolivarismo, aunque lo dudo, hay que hablar de un liberalismo revolucionario que se opuso a cualquier forma totalitaria y que luchó por la unidad y no por la división de los pueblos de América Latina. Hay que aceptar que este es la expresión de un liberalismo radical, anticolonial y revolucionario del siglo XIX, con el cual se construyeron las naciones y las repúblicas liberales que hoy tenemos.

“La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de sus bienes y el fruto de sus talentos, industria o trabajo” (15 de febrero de 1819). “El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de palabra, por escrito o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable don de la naturaleza. Ni aún la ley misma podrá jamás prohibirlo” (15 de febrero de 1819). “…el que manda debe oír, aunque sean las más duras verdades, y después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores propios” (9 de abril de 1820).