La experiencia me ha dicho que este refrán es solo verdad para aquellas personas que no poseen capacidad de auto análisis y la suficiente humildad como para aprender de las lecciones de la vida.

En mi caso personal, y en el de muchas de las personas que conozco, con el transcurrir de la vida, la forma de pensar y actuar ha cambiado en forma importante. Pero también he observado una particularidad: en unos, los defectos han sido menguados y las virtudes han sido aumentadas. En otros, lo contrario ha ocurrido.

Aquellas personas que han sabido escuchar a la crítica, que han aprendido autoanalizarse críticamente, que han aprendido a cavilar sobre sus actitudes, acciones y omisiones; aquellos que han sabido escuchar a los demás y a su conciencia; aquellos a los cuales la humildad los ha acompañado siempre pero sin minimizarse, aquellos, han cambiado para bien. El violento se tornó moderado, el bronquero se tornó pacifista, el celoso se volvió tolerante, el tacaño se volvió generoso.

Pero aquellos en que la soberbia fue el elemento dominante, aquellos que nunca supieron escuchar, aquellos dominados por un complejo de superioridad anormal y aberrante, solo agudizaron sus defectos y fueron cada vez más ocultando sus virtudes en lo más recóndito de sus almas.

Es por esta experiencia vivida que me preocupa mucho el futuro de nuestro país, gobernado ahora por un grupo de dueños de la verdad, soberbios y sordos a la crítica y a las opiniones contrarias a sus “preceptos”. Todo me dice que nunca vencerán sus limitaciones y que, todo lo contrario, con el correr del tiempo las mismas se harán más visibles. Cuando inicié mis torpes contribuciones a este medio digital, elegí el pseudónimo de Rey Sol como una especie de broma negra al Presidente que habíamos elegido, el Presidente Correa, porque me daba la impresión de ser una persona soberbia, con poca consideración hacia la opinión de los demás, muy dueño de la verdad y presto a expresar como Luis XIV “el estado soy yo”. Recuerdo haberle comentado esta opinión mía a un periodista amigo que abrigaba muchas esperanzas del gobierno del señor Correa cuando recién había sido elegido Presidente. En aquella ocasión ignoró mis conceptos para luego declararme con entereza propia de hombre experimentado y maduro: “me equivoqué con Correa”

El Presidente Correa nunca dialogará con Nebot ni escuchará a su “ciudad natal” que le ha dicho una y mil veces que se está cansando de la forma en que la trata y que aquí detestamos el centralismo y aumento de la burocracia que él está aplicando. Quisiera equivocarme por el bien del país, pero creo que el Presidente Correa pertenece al segundo tipo de personas que arriba describo. Por lo pronto, no otra cosa ha demostrado en sus dos primeros años de gobierno.

Correa, en el fondo, creo que no quiere a Guayaquil. Probablemente identifica esta ciudad con muchas frustraciones y sufrimientos de su niñez y juventud. En todo caso esto es algo que dejo al Doctor Palacios a analizar, pero todas sus acciones van encaminadas por ese sendero.

El hecho de que su teoría política sea totalmente diferente a la del exitoso alcalde Nebot nos ha hecho enfatizar que su desafecto es con Nebot, cuando la realidad es otra. Él mismo me da la razón cuando en múltiples ocasiones y en su última intervención sabatina ha definido a Nebot como “una persona inteligente”. Pero no le es posible abandonar su concepto de “dueño de la verdad” y, también expresó el último sábado que, “si sigue actuando así tendrá que dejar de pensar que es inteligente” (“YO, amo y señor de la única verdad absoluta soy quien catalogo y encasillo a los demás; solo mi opinión es válida”).

El Presidente Correa se ha unido a un grupo capitalino intelectualoide de izquierda que piensa que hay que minimizar a Guayaquil para poder imponer sus ideas noveleras del Socialismo del Siglo XXI y en sus dos años de gobierno ha hecho la vida imposible a su ciudad. No necesito enumerar todas las acciones en contra de Guayaquil porque todos las conocemos y las hemos sufrido.

Por este motivo sufro por el futuro de Ecuador y sufro por la lucha que tendrá que realizar mi ciudad contra el actual gobierno. El Presidente Correa, con el tiempo y lo que él llama “arrasar en las urnas” solo reforzará sus particularidades negativas y debilitará lo bueno de su alma. Por lo tanto veremos más prepotencia, más “dueños de la verdad”, más autoritarismo, más abusos en contra de la libertad de la prensa y de los individuos y más ataques a su “ciudad natal”, como a él le encanta llamarla.

¡Pobre Ecuador y pobre Guayaquil de mis amores!