Algunos ciudadanos nos estamos haciendo esta pregunta frente a los acontecimientos que se han dado en este Gobierno desde su instalación. Lo interesante es que el Presidente amenaza con radicalizarla en vista de la oposición creciente que está generando y por la crítica que se hace a los actos perpetrados por los personajes oficiales y no oficiales del círculo presidencial.

Pero, hasta ahora, ¿qué es lo que se ha obtenido filosóficamente como resultado de la Revolución? En principio, ni el mismo Presidente sabe de qué revolución es que está hablando, pues el ideólogo de ella, el famoso Dieterich, aún no termina de definir lo que es su Socialismo del Siglo XXI. Sigue, como gallina clueca, cacareando sus ideas dispersas hasta ver qué huevo mismo es el que eclosiona cuando dé a luz su filosofía en forma coherente.

Esa tarea será, por cierto, muy difícil, pues décadas han demostrado la falacia del socialismo comunistoide soviético-cubano como doctrina que pueda brindar bienestar a una sociedad contemporánea, a diferencia de los socialismos avanzados exitosos, como los aplicados en Chile y Brasil. ¡Ojalá Dieterich vea esos ejemplos y aprenda algo de ellos!

Pero volviendo a nuestra revolución, ya calificada por algún comentarista como “robolución”, lo que nos ha demostrado desde el primer día es que se pretende conculcar las libertades individuales y pisotear la Declaración Universal de los Derechos del Hombre con el fin supuesto, pero no real, de dar mayores derechos al bien común. Toda sociedad justa se basa en que los derechos de un ser tienen su límite donde empiezan los de otro, y que el bienestar del todo tiene prioridad sobre los del individuo.

Esas son las claves de la convivencia armónica en cualquier sociedad, sea esta capitalista o socialista. ¿Pero, se practica esto en nuestra “Revolución Ciudadana”? Comenzamos con los Pativideos, que nos mostraron que a los pocos días de iniciado el Gobierno se había armado un sistema de espionaje a los ciudadanos. Luego hemos ido viendo acto tras acto de corrupción oficial, entre los que tenemos la feria de declaraciones de emergencias ficticias, hechas con el objeto de obviar los mecanismos de control financiero y administrativo que debe tener todo gasto público.

Luego pasamos por tantos otros actos reñidos con la moral, para los cuales no tenemos suficiente espacio en esta columna y avanzamos al espectáculo del “Dueño del Dueño del Circo”, para llegar hoy a las revelaciones de los actos del súper ñaño, muestra de la calidad de moral y ética que se aplica en la “revolución ciudadana”.

¿De qué revolución estamos hablando? Hasta ahora lo que tenemos es uno de los Gobiernos más corruptos que recordará la historia, más que muchos de la “larga noche neoliberal”. Y también de los más hipócritas, pues mientras se pregona el socialismo para los demás, los hermanitos del Presidente hacen oídos sordos a esas prédicas y más bien ejercen la decadente y capitalista aberración de hacerse ricos y pasearse por Miami, la capital pelucona. ¡Qué revolución más mentirosa!