Cada día que pasa me cae mejor Fabricio Correa. Con su típico lenguaje “mono” protesta contra los que cantan “Patria, tierra rosada…” (Sus propias palabras) y que considera han llevado a su hermano presidente a perjudicar sus intereses empresariales. Habla que la Revolución Ciudadana anda de tumbo en tumbo, que el “círculo rosa” tiene a su hermano secuestrado y le recuerda al hermano presidente que su paso por el poder es transitorio y que la presidencia lo ha mareado hasta sufrir del Síndrome de Ibris.

Desconociendo este “Síndrome”, busque información y me encontré con lo siguiente:

“La hibris o hybris (en griego antiguo ὕϐρις húbris) es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados, resultando a menudo en merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo).”

En “El Mundo” encontré un artículo realmente interesante bajo el título “El delirio de los políticos”. El artículo habla del “síndrome de Hubris”, un trastorno que afecta a dirigentes que llevan un tiempo en el poder. Alguno de los síntomas que mencionan son los siguientes: exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad. El síndrome en cuestión ha sido definido por David Owen, neurólogo que, por lo visto, se dedicó durante algún tiempo a la política

Según David Owen, “la presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente” y eso lleva a que, por ejemplo, tomen decisiones por su cuenta y sin consultar porque creen que están siempre en lo cierto. La patología es tal que, además y frente a la evidencia, nunca reconocerán la equivocación.”

Manuel Franco, psiquiatra: dice “Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta liga. Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomanía, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible”.

Javier Capitán expresa: “Un proceso como el que describe el Dr. Franco acaba eliminando de una forma más o menos consciente a los elementos críticos del entorno. Aquellos que se atreven a opinar, a expresar una idea discrepante, poco a poco se van convirtiendo en peones incómodos que se van alejando del núcleo duro del dirigente afectado por el síndrome. Algunos simplemente mantienen sus opiniones y se van. (Acosta, Balda, Ortiz, Cassals). Otros, muchas veces porque su modo de vida depende ello, simplemente van acomodando sus opiniones a lo que el otro desea oír y finalmente, el círculo más cercano se acaba convirtiendo en un amplificador de lo que piensa el líder. Las críticas por detrás, en pequeños corrillos, en voz baja, sin que se noten.

Eso sería la consecuencia de lo que el Dr. Franco llama desarrollo paranoide: “Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida del poder, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende”.

¡Se ve que nadie te conoce mejor que tu familia íntima! ¡Fabricio ha descrito perfectamente el problema de su hermano presidente! Este Síndrome refleja exactamente el problema psicológico que el presidente Rafael Correa padece y creo que desde hace mucho tiempo, no solo ahora que ha llegado a la primera magistratura; lo que ocurre es que al ejercer la presidencia todo se le ha agudizado.

El problema es que nosotros, los “ciudadanos y ciudadanas”, como ridículamente se expresa este gobierno, y todo el país, está sufriendo las consecuencias de estos trastornos del presidente que su hermano nos rebela.