En un artículo anterior hice llegar a mis lectores la indagación que realicé sobre el problema psicológico que, según Fabricio Correa, sufre su hermano. Concluí expresando que desgraciadamente todos los ecuatorianos tenemos que sufrir las consecuencias de este desequilibrio del presidente denunciado por su propio hermano Fabricio.

Pero no es conveniente que analicemos al presidente y sus demonios sin que analicemos también los nuestros. A presidente enfermo, sociedad enferma.

Padecemos, como sociedad, del síndrome de abulia, de apatía. El término de apatía proviene etimológicamente del griego “pathos” (pasiones) significa falta de pasiones. Blumer y Benson (1975) describen a ciertos pacientes que presentaban indiferencia afectiva en un contexto de apatía, abulia, apragmatismo, embotamiento afectivo y respuestas emocionales como aletargadas sin ansiedad como cuadro “pseudodepresivo” Este síndrome se caracteriza por una alteración en la capacidad para formular metas u objetivos, falta de motivación e intereses, pérdida de iniciativa y espontaneidad, indiferencia afectiva, reducida sensibilidad y reducida conciencia de déficit en un número elevado de casos.

Descrita por Marin como un síndrome neuropsiquiátrico, la apatía se manifiesta en forma de disminución de la actividad dirigida a una meta por falta de motivación, no atribuible a un trastorno del intelecto, emoción o nivel de conciencia. Según este autor los criterios utilizados para su diagnóstico giran en torno a falta de motivación respecto al nivel de funcionamiento previo.

¡Que mejor forma de describir el comportamiento actual de la sociedad ecuatoriana y la guayaquileña en especial! Somos una sociedad con falta de fuerza de voluntad que incluye incapacidad para tomar iniciativas propias. Nos golpean de manera inmisericorde y no reaccionamos. Nos están cambiando un sistema de libertades a uno de opresión. De pininos de autonomía estamos pasando a un Centralismo como nunca lo hemos visto. De un sistema de derechos individuales estamos siendo conducidos a un sistema de “derechos de la sociedad”. Lejos está ese “funcionamiento previo” altivo y rebelde de nuestros antepasados que tantas veces se opuso a la opresión y al despotismo. Tenemos miedo. No queremos protestar y peor actuar. Las damas de “Guayaquil de pie” salen a protestar contra Chavez y su malévola influencia en nuestro gobierno y apenas unos 100 “madera de guerreros” las acompañan; los demás, “guerreros de madera” nos hundimos en nuestra apatía, nuestra sumisión, nuestra cobardía

¿Cómo entender a un pueblo que simpatiza con un político arbitrario que, entre otros graves errores en el manejo de su país, nos está conduciendo a una sociedad colectiva sin libertades y a un descalabro económico y a una dependencia cada vez mayor de gobiernos como el de Chavez, Irán, Nicaragua, Bolivia, etc.?

¿Por qué el pueblo se entusiasma con decisiones antidemocráticas como la creación de grupos civiles de vigilancia “para garantizar la revolución ciudadana y velar por la seguridad de los ciudadanos”, como si esa función no le correspondiera a la Fuerza Pública?

¿Por qué el presidente y los militantes de Alianza País desestiman la crítica y acusan e insultan ferozmente a los objetores, sobre todo a la prensa libre, expresando que sus cuestionamientos son amargura o conspiración?

¿Por qué no nos parece una atrocidad que se persiga a Balda por difundir una grabación del presidente como cortina de humo para esconder la bellaquería de una Constitución fraudulenta, alterada a última hora?

El maestro Umberto Eco cuenta que el día que Benito Mussolini subió al poder, influyentes y entusiastas partidarios decían que “en la grave situación que se encuentra Italia, al fin llega el hombre enérgico que ponga orden”.

“Sin embargo concluye Eco, el fascismo en Italia no se instauró gracias a la personalidad enérgica de Mussolini, sino a la sumisión de una sociedad enferma que lo permitió”.

Lo mismo pasó en Alemania con Adolfo Hitler.

¿Vamos a seguir manteniendo nuestra enfermedad, padeciendo el Síndrome de Apatía hasta caer al precipicio?