Realmente no se puede saber si por lo poco que nos está quedando de paz y tranquilidad a los ecuatorianos y como complemento de los sucesos cada día más graves en nuestro país, esto se está constituyendo en un grave riesgo que cada día incrementa la amorfa concepción de los verdaderos cambios estructurales que la patria reclama.

El descontento popular que ampliamente se resume en una infinidad de actos equivocados por parte del gobierno central, así como en algunos casos se suceden inverosímiles decisiones tanto del aparato judicial del Estado cuanto de la función legislativa, todo esto, está originando un clima de insatisfacción que se ve resumida en las diferentes protestas ciudadanas de cada región de la patria. Simple razón de esto es que las expectativas que un día nacieron en quienes votaron por el anunciado cambio hacia la reconformación de un nuevo país, no está dando además ningún fruto sustentable en ninguna de las aéreas sociales y estratégicas controladas por el gobierno.

Así pues, cuando digo que estamos al borde de una desgracia, me estoy refiriendo simplemente al contexto general que motiva el nivel de encasillamiento, poco sustentable, en el que actualmente nos encontramos. Esto es, que el Ecuador se está convirtiendo en un país sin rumbo cierto.

Voy a citar tan solo un ejemplo de aquello por lo cual sustento mis análisis: Se escuchan voces de descontento por doquier, y un claro ejemplo de esto es la agresiva parcialidad con la que funcionarios de algunos estamentos del estado están manejando el tema de la protesta ciudadana por parte de dos miembros de la nueva Junta Cívica de Guayaquil, y que ha dado como resultado una resolución inconstitucional de un Juez quien, en una supuesta demostración de dependencia, tal como lo señalan algunos noticieros, y accediendo al desproporcionado pedido de un Fiscal, dispone la prisión preventiva de estos dos jóvenes, tipificando esos actos de demostración de inconformidad ciudadana como un delito denominado “SEPARATISMO” (…!).

El CAPITULO SEXTO, ART. 66.- LITERAL 6, de la famosa constitución de Montecristi , mentalizada, redactada y aprobada por quienes ahora son el poder de la nación, habla de LOS DERECHOS DE LIBERTAD, principio básico en el que nos cobijamos todos y cada uno de los ecuatorianos. Este artículo de manera expresa nos garantiza textualmente lo siguiente: “EL DERECHO A OPINAR Y EXPRESAR SU PENSAMIENTO LIBREMENTE Y EN TODAS SUS FORMAS Y MANIFESTACIONES.

Hace 24 horas algunos guayaquileños, en similar calidad de protesta, hicieron un plantón en la emblemática Plaza de San Francisco, y luego se dirigieron hacia la Corte Superior de Justicia de Guayaquil a través de la Ave. 9 de Octubre, a exigirle al juez actuante de la causa que proceda conforme Derecho a rectificar su resolución y/o a calificar la fianza solicitada por los abogados auspiciantes de la defensa de aquellos jóvenes.

Lo raro y anecdótico de tal circunstancia es que, en todos y cada uno de los momentos en los que una vez más se expresó el descontento ciudadano, los participantes de aquella protesta portaban carteles exactamente iguales a los exhibidos por aquellos que días antes fueron detenidos y acusados de separatismo. Mas sin embargo allí no paso nada, ni tampoco se detuvo a ningún ciudadano, ni se los ha acusado de separatismo o de traición a la patria ni nada que se parezca, pues lo más destacado del problema, y contrario a todas las normas constitucionales y jurídicas, es que esas peligrosas acciones de represión dirigidas a quien protesta, son una clara demostración de amplio abuso de poder y de la conculcación de un sagrado derecho, por decir lo menos, llamado LIBERTAD.

Quiero dejar muy en claro que en cada acto y en cada circunstancia en la que nos veamos comprometidos, y por más grave que estas sean, debe de prevalecer siempre la más absoluta manifestación de respeto hacia los demás. Derecho que, en el caso que nos ocupa, este principio se convierte por si solo en una especie de boleto de ida y vuelta. Además, por lo que se conoce de los hechos en mención, aquellos jóvenes en ningún momento expresaron algún tipo de agresión verbal en contra del primer mandatario; ni en los momentos de manifestar su desagrado, ni al momento de ser aprehendidos.

Bien vale la pena entonces rectificar a tiempo, pues “NO CORREGIR NUESTRAS FALTAS….. ES COMO COMETER NUEVOS ERRORES.