Fue por nuestra culpa. No fuimos lo que debimos haber sido: objetivos. Porque algunos se dejaron envolver por la expectativa de la novedad. Porque otros, ante eso, no reaccionamos.
En la campaña muchos corrían tras el candidato con micrófono y grabadora en mano. En vez de dejar que él venga, lo tuteaban, lo aplaudían, lo vitoreaban y no guardaban la sagrada distancia que se necesita para ver las cosas desde otro punto de vista. Los que dejaban que venga –a excepción de Jorge Ortiz primero, y Carlos Vera después- le dieron tiempo de más para que pueda seguir envolviendo. Son igual de culpables porque no tuvieron, precisamente por el tiempo que le dedicaron en las entrevistas, la capacidad de descubrir al verdadero yo o de descifrar el engendro político que es eso de la revolución ciudadana antes de que llegue al Palacio. Culpables porque no le dieron el mismo espacio a Carlos Sagnay, a Martha Bucaram, a Melba Jácome, Carlos González o Fernando Delgado.
Fue por nuestra culpa. Por nuestra mediocridad, porque en algunos momentos nos contentamos sólo con el “busque en la página de internet la información” cuando indagábamos sobre algo irregular que era un secreto a voces. Por cobardía, porque no insistimos cuando sí lo hacíamos en otros gobiernos, temerosos quizá por el temor a la manifiesta persecución. Otros, peor, ni siquiera intentaron investigar embelesados aún por la aspiración de un proyecto que habla del “abajo los ricos y arriba los pobres”. Indirectamente se identificaron con eso y cruzaron la raya.
Fue por nuestra culpa porque cuando prohibió la información que eran los videos que captaban alguna pillería como parte de una investigación –otrora valiosísima herramienta para llegar a la verdad- en vez de haber protestado con toda nuestra fuerza nos quedamos, como popularmente se dice, fríos. Y nunca más, salvo otra vez Jorge Ortiz y Carlos Vera, nos atrevimos a hacerlo.
Fue por nuestra culpa porque cuando le dijo “gordita horrorosa” a una periodista de Cuenca no reaccionamos. Ni periodistas hombres como hombres, ni periodistas mujeres como mujeres. Uno que otro reportaje por ahí fue suficiente para anunciar el hecho pero no para reclamar por la ofensa a una colega. Después, cuando vino eso de lo de “bestias salvajes” y “escorias humanas” hasta nos reímos. Incluso, así nos referíamos unos a los otros en las plantoneras sin atinar a tomar una posición que diga: ¡basta!
¿Qué hicimos cuando mandó al “palo mayor de un barco” a Emilio Palacio? Nada. A partir de ese momento, lo que sí hicimos fue buscar las palabras y las formas para que nuestras piezas periodísticas no hieran su susceptibilidad para no ser nombrados en la cadena radial. Aún recuerdo en una cobertura, días después de esa ofensa pública, el terror que bastantes compañeros tenían de ponerle el micrófono y preguntar cuando profesionalmente debíamos demostrarle a la sociedad que las buenas costumbres están sobre las interpretaciones etimológicas de las que se vale para herir y ofender.
Luego vino la cobertura en la Asamblea. Ahí no se dio tiempo para un análisis concienzudo y profundo sobre el gato que metían por liebre. Para obtener rating, desperdiciamos mucho tiempo en denunciar y tratar de generar expectativa con cosas como la intención real de cambiar el escudo o la letra del himno nacional (formas) mientras ya escribían el texto constitucional del sistema de comunicación (fondo) y de eso dijimos poco. En esa época algunos ni siquiera buscaron generar expectativa con su información sino que se dedicaron a conseguir trabajo en los medios estatales “porque pagan bien”.
Fue por culpa de aquellos compañeros incautados que bajo la tutela de una administrativa del Estado se sometieron. Prefirieron como buenos padres –qué difícil debe ser para muchos, gente íntegra a la que aprecio- preferir proteger su trabajo y el sustento para sus hijos, a mostrar la dignidad que un recolector de basura, jornalero, obrero, ejecutivo o empresario manifiesta cuando alguien le quiere imponer algo que está en contra de su conciencia.
Colegas, finalmente, fue por nuestra culpa porque siempre le seguimos el juego. Y ahora que nos vemos reducidos a simple cogemicrófonos, grabadores y apuntadores reproductores es que nos damos cuenta que hemos perdido más que ganado con ello. Para mi hay excepciones, además de las que he nombrado y seguramente existen trabajando calladamente por la verdadera causa: las que conozco más cerca por haber vivido aquí en el canal con ellas y ellos: mis compañeros de Teleamazonas, desde los asistentes de cámara, los reporteros, pasando por el director nacional hasta llegar al mismo vicepresidente de noticias y administradores del canal.
Pido mil disculpas a quien haya molestado por estas palabras. Pero desde que leí la Ley de Comunicación me convencí de que aunque no estudie periodismo soy un nato comunicador: ¡es que he reaccionado ante el atropello a la libertad de expresión que esa ley representa y ha vuelto a nacer en mi más que nunca un deseo irrefrenable de decir la verdad, duela a quien le duela!
Aunque como todos… yo también haya reaccionado tarde y cargue con la misma responsabilidad de un gremio que pecó de bueno…

Es por eso que se escucha a personas decir que votaron por Presidente en base a que un candidato era guapo o habla distintos idiomas o es mujer etc. Pero lamentablemente esa es la realidad del pais, en un pais de ciegos el tuerto es rey.
Le ruego Sr. Ruiz alertar a los guayasenses sobre el peligro inminente para la tranquilidad de Guayaquil y la provincia, que representan las actividades proselitistas del cuestionado sujeto Chauvín y compañía, que goza de toda la simpatía y apoyo del gran odiador de Guayaquil. Es más que obvio que haya escogido precisamente este sector de la patria para sus perversos fines.
I. Hurtado
Es verdad, se dejaron meter gato por liebre. Pero, es acaso esta una tradicion ecuatoriana?. Hemos tenido a un Velasco Ibarra elegido por cinco veces a pesar de que fue derrocado por cuatro. Hemos ido de un extremo al otro ( de Garcia Moreno a Eloy Alfaro), y por ultimo hemos caido en la desgracia de imitar esta moda grotesca del socialismo que ha infectado a Sud-America, mezclada con el populismo que tiene tanto sabor a lo nuestro.
Todo tiene un comun denominador, pueblos miserables, faltos de educacion, trabajo y dignidad, listos a aceptar la oferta de aquel que mas prometa, que mas grite payasadas, del mas guapito o del mas altito. No entienden que ese voto que estan depositando es valioso y lo deben hacer respetar como signo de vigor y no de recompensa.
Por ahora, es algo tarde para darse golpes en el pecho y culparse de lo que pudieron hacer o pudieron decir.
Solo les queda depurarse, volver de cero creando un partido joven, sin coneccion con el pasado, pluralista e incluyente y que se deje de nobelerias copiadoras o de logos ideologicos. El Ecuador necesita es de ecuatorianos listos a trabajar por un mejor futuro en un ambiente de igualdad, justicia y respeto.
Las simples amas de casa, los obreros guayaquileños y unos pocos de la Sierra, sí se dieron cuenta de la superchería. Ellos que ni siquiera tenían Internet en sus casas, ni nunca habían oído hablar de ese hombre, pero sí de las terribles cacerolas que arrastraba su familia,lo supieron mucho antes que nuestros alelados intelectualoídes, y periodiqueros de plastilina; a sabiendas que cuando el río suena es porque piedras trae. Lo que aprendas en casa en tu infancia, te servirá toda tu vida, decía mi abuelita.
Ese hombre hablaba hasta por los poros y eso ya era un buen indicio para querer investigar de adónde había surgido. Habría bastado con interrogar a sus ex alumnos, a sus temerosos ex colegas de trabajo, a su ex empleador en la Universidad San Francisco de Quito, que lo había echado por pendenciero, para que nos hubiera aclarado el panorama, ni siquiera era necesario consultar los archivos del FBI o de la DEA.
Lo noveleros y lo aguanosos que son la mayoría de los ecuatorianos ?no me incluyo, porque jamás voté por ese siniestro personaje- nos está destruyendo; ni siquiera ha sido necesaria una hecatombe, ni un terremoto; nuestra estupidez congénita y nuestra ignorancia se ha encargado de hacerlo, sumergiéndonos en el desosiego que nos inunda hoy.
Pero como dicen los viejos, no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Solo es de esperar que no reine 50 años como lo ha hecho su sponsor, ni sea reemplazado por uno de sus familiares, con los caninos bien largos o por ser más sapos y nocivos que él.
Eso nos pasa por elegir a muertos de hambre, mas pelados que la pepa de guaba, sin un centavo, o peor; sin capital moral o espiritual. He dicho.
En un país normal o con estado de derecho, ese hombre hace rato estaría pudriéndose en un cárcel por alta traición a la Patria. Andar de uña y mugre con narcotraficantes es penalizado por la ley en todos los países normales del mundo.
Salvo, lógicamente, que se cumple lo que decían las abuelitas:
La sartén le dijo a la olla: \"QUÍTATE QUE ME TIZNAS\"
Es que Correa sabe que nada de lo que hicieron los periodistas mencionados a favor de su campaña fue gratis, siempre hubo la ?INFLUENCIA ECONÓMICA QUE Controló DESDE ALEMANIA? el economista que lo invitó a participar en su proyecto político, al que luego, en calidad de infiltrado, le pidió en Montecristi que se haga a un ladito.