(CC) por Charlie Perez - Flickr

Ni insultos, ni prepotencia, ni necedad. Sólo la lógica aplicada a una realidad que a mi criterio es cada vez más caótica. Inseguridad, retroceso, enfrentamiento ciudadano, desempleo, desconfianza, delincuencia, desperdicio de recursos, despilfarro de dinero, aumento de la burocracia, falta de ética y oportunismo. Ese es el saldo en contra de un gobierno que para algunos soñadores como yo, en apariencia prometía días mejores a la patria.

¡Es una lástima!, me repito. Las cosas no van bien. ¡Que pena! Un hombre que tenía todo para ser grande, se hace cada día más pequeño.

Acciones chocantes, palabras que molestan, expresiones que fastidian. Situaciones intolerables. Y de aquí paso a ese punto que francamente no aguanto, a sabiendas que llego al límite que muchos no aceptarán tolerar. Más de una persona de las muchas que colaboran con el Gobierno Nacional, arremetieron contra Rafael Correa, con todo tipo de calificativos, de malos a peores, claro antes de ejercer sus cargos públicos. Acaso, ¿tienen precio las convicciones y la dignidad?

Las acciones oportunistas no son sanas. Sea cual sea su razón. Ojo por favor, que he dicho: las acciones, no las personas. Hay personas buenas, seguramente capaces, profesionales. Soy yo la convencida de que EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS. El oportunismo jamás puede concordar con un comportamiento ético, ni ante la mayor de las necesidades, ni por la más noble de las aspiraciones.

Que no nos vengan a vender telenovelas venezolanas, ilusiones cubanas o historias con chatarra demagógica. Aquí, en el Ecuador las cosas no van bien, ¿cuál revolución es la que está en marcha? Porque ciudadanos somos todos y muchos vamos al margen, en el baile de los que sobran, por fuera de la tal revolución seguimos viendo miseria, mendigos por cualquier lado, escuelas sin infraestructura, servicios médicos deficientes, delincuencia en máximo apogeo. Un gasto propagandístico inútil que va en desmedro de utilizar ese mismo capital en obras que requiere con urgencia la población.

Hoy una ciudad, la que acoge al mayor número de ecuatorianos, levanta una bandera para protestar legítimamente contra la arbitrariedad. Y no es la bandera celeste y blanco, es la bandera tricolor. No lo digo yo, no lo dice la Junta Cívica, no lo dice el alcalde Nebot, lo dice la historia: Ayer, hoy y siempre ¡Guayaquil por la patria!

El país, la ciudad, cada rincón de la patria, necesita un cambio positivo, una actitud diferente, unas acciones coherentes con el progreso y por el bienestar de todos los ecuatorianos.