(CC) por Presidencia de la República del Ecuador - Flickr

En artículos anteriores me he referido al comportamiento errático y eufórico del Presidente que perjudica notablemente a nuestra nación, dejándonos con poca credibilidad a nivel internacional, lo cual repercute negativamente en los esfuerzos que nuestro país realiza en negociaciones internacionales.

He mantenido que su comportamiento no es simplemente por falta de madurez como algunos comentaristas han sostenido, sino que no tiene ni la preparación para ocupar el puesto de presidente ni la educación que este cargo exige. Pero existe algo mucho más preocupante que todo ésto.

Su reciente actitud, corriendo detrás de una persona que supuestamente le hizo una seña, sea de cachos o de la llamada “yuca”, o de cualquier otra índole, no es una actitud normal ni de un presidente en sus cabales. Es inaceptable, repetitivo, feo, vergonzoso, insano, demencial y suicida, indigno de una autoridad.

Puso en riesgo su vida y la de los miembros de su seguridad. Además que entrar a arrestar a una persona a un establecimiento sin el permiso correspondiente, es una violación de los derechos del dueño del establecimiento por lo que los implicados pueden ser enjuiciados.

¿Y qué nos dijo el presidente para justificar su actitud? “Yo no soy caído de la hamaca”, “¡Consíganse un Mahuad!”, comparándose con lo peor de nuestra historia.

¿Alguien ha visto a Obama, al Primer Ministro de Gran Bretaña, a los presidentes de Colombia, Perú, Brasil, de los países más retrógrados de Africa, o al mismo Chávez hacer éso? ¿Serán caídos de la hamaca?

El presidente da mala reputación y mal nombre al puesto que ejerce y lo desprestigia. Los asambleístas deben investigar la sanidad del Presidente de la República. ¿O es ésto lo que queremos y merecemos en Ecuador?