En artículos anteriores me he referido al comportamiento errático y eufórico del Presidente que perjudica notablemente a nuestra nación, dejándonos con poca credibilidad a nivel internacional, lo cual repercute negativamente en los esfuerzos que nuestro país realiza en negociaciones internacionales.
He mantenido que su comportamiento no es simplemente por falta de madurez como algunos comentaristas han sostenido, sino que no tiene ni la preparación para ocupar el puesto de presidente ni la educación que este cargo exige. Pero existe algo mucho más preocupante que todo ésto.
Su reciente actitud, corriendo detrás de una persona que supuestamente le hizo una seña, sea de cachos o de la llamada “yuca”, o de cualquier otra índole, no es una actitud normal ni de un presidente en sus cabales. Es inaceptable, repetitivo, feo, vergonzoso, insano, demencial y suicida, indigno de una autoridad.
Puso en riesgo su vida y la de los miembros de su seguridad. Además que entrar a arrestar a una persona a un establecimiento sin el permiso correspondiente, es una violación de los derechos del dueño del establecimiento por lo que los implicados pueden ser enjuiciados.
¿Y qué nos dijo el presidente para justificar su actitud? “Yo no soy caído de la hamaca”, “¡Consíganse un Mahuad!”, comparándose con lo peor de nuestra historia.
¿Alguien ha visto a Obama, al Primer Ministro de Gran Bretaña, a los presidentes de Colombia, Perú, Brasil, de los países más retrógrados de Africa, o al mismo Chávez hacer éso? ¿Serán caídos de la hamaca?
El presidente da mala reputación y mal nombre al puesto que ejerce y lo desprestigia. Los asambleístas deben investigar la sanidad del Presidente de la República. ¿O es ésto lo que queremos y merecemos en Ecuador?

Sostuve que Rafael Correa era un amoral por estar desprovisto de cualquier sentido moral dada su historia familiar, su oportunismo, su ambición enfermiza, y su mala educación. Ese hombre siempre corrió atrás del billete y se la pasaba haciendo juicios y demandas a todos sus ex empleadores que lo echaban apenas se daban cuenta que le faltaba un par de tornillos.
Rafael Correa es también un amoral por dejarse corromper por gentuza sin escrúpulos, y por ocultar los actos ilícitos de sus colaboradores y esbirros. Como muestra basta observar al su compadre de fechorías, el abusivo Pesantez.
Los resultados ya los estamos sintiendo; tenemos un país en completo caos, un desbarajuste, desinstitucionalizado, señalados por todas las organizaciones internacionales como una tierra de nadie, sin leyes, sin seguridad jurídica, dirigidos por una caterva de ineptos que llevan el comunismo troglodita y perdedor incrustado en el ADN.
El problema es que damos la imagen de ser un país llenos de locos, porque entre Rafael Correa el loco que odia, y Bucaram el loco que ama; la locura y el desprestigio a nivel mundial es el mismo.