Quizá les parezca absurdo y hasta osado esto que poco a poco irán leyendo. Pero mi conciencia me exige que aproveche la fantástica oportunidad que tengo como miembro de www.desdemitrinchera.com y lo pida: un voto de confianza para la Policía Nacional.

Que es una institución afectada por la corrupción en algunos de sus niveles. Que está más armada que nunca y sin embargo el delito campea como antes no se había visto. Que sabe la localización exacta de los más buscados y sus bandas. Que se demora en la elaboración de los informes para agilitar el proceso fiscal. Que archivaron, aunque descubrieron la verdad, algunos casos de tinte político. Que detienen a los pillos y a la vuelta de la esquina los sueltan después del “refile”. Que muchos son abusivos. Que otros más quemeimportistas. Que se demoran en atender las llamadas al 101. Sí, puede ser. Pero es la policía que tenemos y hay que hacerla funcionar.

La mayoría de personas no tienen la suerte de estar donde las papas queman. Yo sí. Y he sido no sólo testigo sino parte legal de innumerables casos en donde he podido constatar la dedicación hasta la muerte de ese grupo humano que sí trillada es la frase “trabaja sin los recursos adecuados”. No son contados por cierto. Son muchos. Muchos más de los que ustedes puedan imaginarse. Trabajan en silencio. Profesionalmente. Investigan armados de valor, temiendo sólo a la ley.

Si no fuera así no hubieran dado pues con “tierrita”, con el “gato hitler”, con el “negro luciano”, con la banda de “la colorada”, con la banda de “el trompudo” y otros sicarios y criminales más. No presentarían, como lo hacen todas las semanas, los cientos de artefactos y vehículos recuperados. No solucionarían las miles de denuncias que no se hacen públicas porque las familias prefieren sellar su dolor en silencio. No tendrían una de las brigadas antisecuestro de mayor éxito en el mundo. Tampoco hubieran dilucidado el caso de la banda dedicada a extorsionar con explosivos. No hubieran llegado a los tres submarinos de droga escondidos en recónditos lugares listos para zarpar. No hubieran desbaratado los cuantiosos intentos de envío de toneladas de la misma. No habrían eliminado al terrorismo que en los 80 amenazaba con destruir los cimientos de nuestra sociedad.

Muchos de los policías que han sido parte de esa misión cumplida son, con orgullo lo digo, mis amigos. Pero créanme que pido el voto de confianza no por ellos, que se lo merecen. Lo pido por la sociedad entera. Por la idea del cambio que cada día parece estar más lejana por nuestro negativismo. Es que si seguimos echando lodo sobre la institución ésta seguirá opacada ante una delincuencia que se muere de la risa en sus caras cada vez que liberan a uno de los suyos.

Es estratégico. Si a un hijo el padre le repite que es un mediocre e incapaz bueno para nada, ese hijo será ese sujeto mediocre e incapaz bueno para nada porque finalmente se convenció de eso. ¡Qué diferente es el hijo que es apoyado en todo momento reconocido por su gestión! Ese se esmera hasta conseguir su objetivo. No se desanima ni se echa al abandono. Supera sus limitaciones para seguir cumpliendo con quienes depositaron su confianza en él.

Por obvias razones no podemos cerrar 3 meses a la Policía como hizo Febres-Cordero con el Municipio para depurarlo. El camino de esta entidad hacia la excelencia debe pasar necesariamente por un proceso sistemático. Más o menos, aplicando el proceso de regeneración que ya funcionó, por ejemplo, con el Registro Civil Nacional. El efecto dominó que genera mostrarle a los sometidos al status quo que las cosas pueden ser diferentes –el levantamiento de la autoestima y el resurgir del sentido aspiracional para no quedarse atrás- debemos emprenderlo con quienes luchan contra el hampa ¡para que nos entreguen a los delincuentes pues! Para que se llenen de gusto por su trabajo y de orgullo por pertenecer a un lugar donde se vence todos los días al mal. Para que dejen de sentirse chapas y asuman su posición de agentes del orden en todo el sentido de la palabra. Para que en vez de recibir esos cinco dólares de “aceite” pongan las esposas convencidos de su compromiso con la sociedad. Para que se sientan apoyados en su accionar. Para que no teman perseguir hasta coger al pillo infraganti. Para que cuando digan “alto o disparo” puedan, si es el caso, disparar con la confianza que les brinda el principio de autoridad basado en derecho y para que nunca más teman ser linchados por una multitud confundida que hasta quema a un sospechoso en sus caras.

Hay que dar un voto de confianza a la policía. En este punto, no hacerlo nos ubica más del lado de los malos que sólo se le burlan y eso seguirá disminuyendo su institucionalidad. Hay los méritos, eso es indiscutible. Y ha llegado el momento, el imprescindible momento de que nosotros, para demostrarle a la delincuencia que estamos unidos y somos más, los valoremos.