Hace poco tiempo un llamado en la televisión pretendía, con cierto desparpajo, captar asistentes a una conferencia sobre marketing. ¿Con cierto desparpajo? Advertía, al menos, que oír al expositor significaba aprovechar, en cuanto a conocimiento, a “la mente más brillante del mundo”. ¿Lo mejor del pensamiento respecto a los 7.000 millones de habitantes del planeta tierra? Pero también existen los comentarios, y a veces planteados con seriedad crítica, que tal deportista es “el mejor de todos los tiempos”. Además que “ hacía mucho” que no estaba en el mercado una “obra literaria semejante”, hoy, por fin, en nuestras manos. Y, por supuesto, el típico anuncio politiquero eleccionario o justificativo del poder, “jamás antes de nuestro gobierno ningún otro ha realizado lo que está, definitivamente, haciendo grande al país”. Claro que en el escenario de los concursos de belleza la falta de respeto a las participantes perdedoras queda evidente, cuando el show man del evento anuncia que “la triunfadora, después de dura contienda , ha demostrado ser la más bella entre todas”. ¿Y en la ciencia? “Este descubrimiento es el más grande de todas las épocas. En la historia no hay nada registrado así”.

¿Exceso en el uso comunicacional de convertir lo cotidiano en extraordinario? Como que la fantasía y el ánimo de sorprender a los incautos cobran prioridad en la relación social del diario vivir. ¿Cómo no recordar, por ejemplo, cuando en las tan sentimentales fiestas de los 15 años, las “fiestas rosa”, quien presenta a la cumpleañera sólo atina a expresar vocablos superlativos, incluso incongruentes, ante la atónita concurrencia que impulsa, por reflejo condicionado, un torrente de aplausos… La generalización referente a individuos o sucesos implica, igualmente, una confrontación con la verdad de las cosas, convirtiendo la realidad en una mentira. Son famosos los proverbios, los aforismos, los refranes que pretenden sintetizar la vida en una sentencia, como que si cada humano existiere moldeado por un estándar de ser o querer ser… ¿Cuánto daño ha causado eso de que “a la mujer no le conviene ningún tipo de profundidad en el estudio”? Se lo decía en la Atenas clásica, permitió quemar a las mujeres pensantes calificadas de brujas en el medioevo y hoy, incluso, en algunos lugares, aun no es libre de adquirir su propia identidad, por sí misma.

Hay como una neurosis de por medio en esto de crear valor moral agregado sin mayor coherencia con la realidad. Las memorias y las autobiografías son un ejemplo clásico. César justificando su atraco ideológico a la política romana, con sus Comentarios de la Guerra de las Galias, para manipular el poder a su antojo… ¿Y las supervivencias catastróficas de Nostradamus, amo y señor de la verdad revelada…? No se quedan atrás las grabaciones jeroglíficas egipcias a favor del adolescente Tutankamon, que cuentan las grandes guerras que jamás confrontó… Los relatos circenses de los amoríos de Casanova son una joya en este sentido, por los desvíos libertarios al sesgar la vida a su antojo. Qué decir, más allá de la expresión literaria, del ejército miniatura en terracota del emperador chino Quin Shi Huang para entrar, lanza en ristre, a los cielos de sus antepasados una vez muerto… No es menos significativo, por supuesto, la figura paterna en las relaciones sociales, en la exaltación permanente de la inteligencia de sus hijos, en una práctica casi de veneración hacia sí mismo, en su “afán de reconocimiento” de reproductor de calidad… ¿Hinchazón sicopática del ego?.

Pero la publicidad mediática actual se lleva las palmas. Si un líquido ambiental es usado en una habitación, contagia, automáticamente, toda la casa y, además, el olor llena las viviendas vecinas y se toma las calles… Los automotores suben y bajan cuestas, sea cualquiera la dureza o suavidad de la superficie, a velocidades no permitidas en el tránsito normal… La mayoría de los gordos, incluso, extrapolan la propaganda de cómo adelgazar y viven, sicológicamente, una reducción de peso y talla ficticias promocionada en el contexto de “rebaje sin cirugía, sin dejar de comer, sin hacer ejercicios…”. Rara es la empresa que presenta su producto tal cual es, según sus características y ventajas de su contenido para el usuario. La confusión juega en el mercado como parte de la aventura del marketing. Todo sufre de gigantismo. La exageración triunfa día por día. Hasta la misma palabra adjetivo está perdiendo su razón de ser. La realidad no es más real, sino ficción. Ahora es necesario otros vocablos que generen la comprensión de la mentira en términos de cierto y verdadero. Ultra, mega, hiper, plus, supra son condicionantes de la nueva vida existente!