General Eloy Alfaro

... lo ultrajan, lo escupen, lo desnudan, le atan una cuerda a los pies, y lo sacan a la calle… El corazón de América se rompió en pedazos…¿No hay gobierno en Quito? Sí, pero es el gobierno quien ha ordenado ese asesinato…Lo que no hay en Quito, a esa hora es hombres… No hay sino fieras

José María Vargas Vila

Con el asesinato de Eloy Alfaro quienes lo perpetraron sólo consiguieron su ausencia física. Adelantarla, políticamente de la forma más estúpida y moralmente, automarcarse con un gesto por demás inhumano y aberrante. Es que la posición ideológica y política de de los líderes del liberalismo no respondían, exclusivamente, a un querer y voluntad personales. El asunto no era proponer un sueño de la noche a la mañana y hacerlo realidad como satisfacción morbosa. Las condiciones socio políticas de los mercados mundiales reclamaban, día por día, la aceptación de las libertades en las transacciones económicas. Tanto productivas como comerciales y transporteriles. Era prácticamente imposible ser parte del mundo contemporáneo, a fines del siglo XIX, y excluirse de los valores libertarios, promotores reales del desarrollo nacional. Más aún. Ya para el 5 de junio de 1895, fecha en que el liberalismo hace residencia para no irse, Ecuador está marcado por el atraso en la actualidad de ese entonces… Algo diferente ocurrido con los adelantados Argentina y México que, fueron ejemplo con Sarmiento y Juárez, en el contexto de la doctrina liberal marchando a trote seguro en Latinoamérica.

Es que el formato jurídico del Estado liberal ya estaba evidenciado, luego de la revolución de 1789 y más aún luego de los movimientos populares de 1820, 1830, 1848, pese al interregno de pretendida restauración monárquica, en Europa, por la llamada Santa Alianza. El punto cumbre lo determinó la Comuna de París de 1871 que, aunque castigados brutalmente sus protagonistas, selló, sin posibilidad de retorno, los nuevos niveles de la modernidad. Están en primer plano: a) mantenimiento de una estructura estatal configurada en una relación de independencia operativa mutua de los clásicos poderes ejecutivo, legislativo y judicial que hacen visible y aceptable un proyecto republicano de libertades; b) aceptación y promoción del libre comercio y competencia productiva; c) apertura de salida para materia prima de exportación, sean productos minerales o agrarios; d) apertura a la importación de bienes de consumo y maquinaria industrial; e) realización de sistemas viales para movilización efectiva de la explotación exportadora y del manejo comercial importador, f) incentivar con facilidades jurídicas la inversión extranjera; g) legislación adecuada aduanera para propiciar la mayor libertad del movimiento importador-exportador; h) liberación de fuerza de trabajo prisionera de la irracionalidad colonial del concertaje, la esclavitud o el servilismo, y localizarla en el mercado del salario de competencia abierta; i) reconocimiento irrenunciable a la propiedad. Si es verdad que ninguno de estos llamados era nuevo en las últimas décadas del siglo XIX, no es menos cierto que ahora, en cambio, la puesta en marcha de cada uno se había convertido en una necesidad, sine qua non, del Estado liberal.

Por cierto que la esencia de la ideología liberal estaba potenciada por el laicismo como fundamento. Laicismo que, tal cual he dejado escrito en mi “Proyección Social de la Obra de Alfaro”, siempre estuvo más allá de simplemente ser matriz de la formación personal del conocimiento. Con el laicismo se abre, al menos para las sociedades en proceso de descolonización, desde la vieja Europa hacia la joven América un hacer de novedades para la creatividad intelectual, una diversidad del comportamiento de las relaciones sociales, un despliegue en la competencia de inventos y descubrimientos. Es que el laicismo no es, simplemente, tal cual se lo ha venido neciamente interpretando o entendiendo, una enseñanza despojada del escolasticismo teológico. Y nada más. Ni tampoco una rama rescatada, por supuesta irreligiosidad, del jacobinismo francés de 1789.

Al contrario. Es un modo de ver la vida. De comprenderla y de vivirla. De despejar los panoramas de la realidad, en abanico y en cascada, fuera de la protección represiva dogmática. La ideología de los absolutos da paso al relativismo de las ideologías. No hay ya razón de ser del reino de la verdad como búsqueda. Por fin se impone la proclama de la socialización de la práctica de lo real. Es un creer en el hombre, una reafirmación del ser para sí, en sus potencialidades y en sus proyecciones. Salido del criterio de la ilustración y fortalecido en la revolución francesa, toma cuerpo en el proceso de avance hacia la conformación de los Estados nacionales. Estados nacionales que desde el siglo XIX son imprescindibles, como bien dicen algunos historiadores de la modernidad política, respecto a la “creación o extensión de instituciones liberales y representativas”. Después del 28 de enero de 1912 quedó, por demás aclarado, que pese a todos los crímenes posibles, desde el oscurantismo contra el progreso, Ecuador había pasado a integrar el consorcio mundial de las naciones libres… El paciente posicionismo del proyecto liberal, mediante el liderazgo de Eloy Alfaro, permitió, definitivamente, convertir el laicismo en una de las principales ventanas de la percepción sociopolítica del país del siglo XX. Sobre las bases del laicismo, llamado incesante a la libertad y a las libertades está construido lo que de fuerte tiene el hogar republicano del país!

Con don Eloy Alfaro fueron asesinados… su hermano Medardo y su sobrino Flavio, los generales Manuel Serrano y Ulpiano Páez y junto a ellos el periodista Luciano Coral Morillo… ¡Asalto a la cordura! ¡Suceso aún imborrable! 28 de enero de 1912 – 28 de enero de 2012. ¡SON CIEN AÑOS DE VERGÜENZA!