Personas que son contrarias a lo que escribo, manifiestan su inconformidad diciendo que soy un opositor de su majestad.

Normalmente soy una persona positiva y optimista. Ni siquiera digo malas palabras frente a las mujeres y no soy conocido como conflictivo ni belicoso. Ofrendaría mi vida por lo que creo y pienso que el patrimonio más valioso del ser humano está en su honra.

Hago este preámbulo por que quisiera ver a cualquiera de las personas que tan ciegamente defienden las patanadas del insultador, como a la hora de ser atacados también, pudieran responder con tanta mesura y reflexión como la que exigen a quienes si lo hacemos.

Existen circunstancias extremas donde las reacciones dependerán de los valores intrínsecos de moral, honor, y convicción que la persona tenga.

El universo entero responde a la ley de causa/efecto. Se actúa de acuerdo a las circunstancias. Se responde de acuerdo a quién nos insulta.

Se ha hablado mucho sobre las patanerías de su majestad. Especialmente de su obsesiva actitud ofensiva contra toda mujer que se le cruza en su camino.

Para los resentidos y aduladores, este maltrato constituye una gracia excelsa de quien valiéndose de la excesiva cobertura que le dan los medios, calumnia, insulta y minimiza despreciativamente a todo el que le da la gana, pero especialmente a toda mujer que irrespeta.

Desde la época que estaba en el colegio, a los maltratadores de las mujeres se les decía maricas. Y no hablo de la connotación sexual del término; sino de la acepción inferida al cobarde qué ofende a una dama abusando de su superioridad física, económica o su poder para lograrlo.

Mis detractores nunca se han puesto a pensar en el daño familiar que estas patanadas causan en la mujer aludida. Peor en la indignación y la impotencia de su familia al no poder hacer nada, ni responder en la misma forma al agresor que la ataca.

A muchas mujeres ha insultado. Algunos me dirán…!que no es para tanto! Pero para los familiares y amigos de la aludida, ¡si es de grave importancia!

Me imagino las iras y sobretodo la indignación que el vejamen proferido debió causar en la familia de las damas maltratadas. Es como si yo le dijera vieja acomplejada a la madre de quién por su resentimiento no está de acuerdo con lo que escribo.

Sin embargo, para los lacayos que festejan estas gracias, el insulto solo fue una genialidad más de quien todo lo que dice es gracioso y servilmente los obliga a arrodillarse mientras le agachan la cabeza para reír como estúpidos relativos, tal como la patología psiquiátrica los describe.

Les pongo un ejemplo personal: a mí me dijo perro, violador, ladrón, delincuente, farsante, que pertenezco a una banda delictiva, aniñadito. ¿Ustedes se han puesto a pensar como se sintieron mis hijas, mi mujer, mis nietos, mi madre o mis hermanas? ¿Se les ha ocurrido siquiera medir el alcance de las afirmaciones de esta deslenguada calumnia que fue festejada con risas y aprobaciones públicas por un grupo de adulones?

¡Por supuesto que jamás he violado a nadie, ni soy nada de lo que me dijo!

¡La única violación que he cometido en mi vida es a la promesa de no volver a tomar un trago al día siguiente de un chuchaqui!

¿Imagínense la perversidad de quién en lugar de estar trabajando para lo que debe, dedica su tiempo para calumniar a personas comunes como yo? Yo no sé cuál es la moral, los resentimientos, complejos o dudas sobre el rol sexual de estos insultadores o de quienes tanto lo celebran.

Peor aún no comprendo su obsesión para maltratar a las mujeres.

En lo personal, para mí la mujer es la prueba tangible de la presencia de dios sobre la tierra. Mi mujer es mujer, mis hijas son mujeres, mi madre es mujer y no en vano cuando dios que lo puede todo, tuvo que escoger a quién sería su madre; escogió una mujer.

Lo que se, es que yo no le permito ni al papa, rey, dictador o lo que sea; una calumnia.

¿Qué respeto piden que se le tenga, si el insultador no respeta a nadie?

¿De qué majestuosidad del cargo hablan, sin con sus patanerías quien ofende irrespeta su cargo?

No le temo al deshonrador y peor lo voy a respetar. Siempre le responderé como causa / efecto; de la manera que deba.

El otro día leí un artículo publicado titulado: ¿No hay varones en el Ecuador? El mismo fue escrito por la Sra. María Moreira Menoscal y dice textualmente en varias partes: Nos reunimos entre amigas, todas mayores de 65 años y siempre terminamos conversando del último escándalo de su majestad.

Nos irrita y descompone tanta grosería, patanería y agresividad; sentimos incluso que nos ha afectado en lo personal. Todos los días ofende a alguien. No solo utiliza palabras vulgares, sino que no respeta la honra de nadie; ataca a familias enteras, a barrios completos, movimientos y se refiere en términos inapropiados a ex presidentes, obispos, y a figuras respetables del país.

Con que rabia hemos visto la descortesía, menosprecio y el maltrato con que se refiere a las mujeres. En fin, siempre concluimos la conversación lamentando: ¿Dónde están los hombres en este país? ¿Es que no hay nadie que lo enfrente como varón y le enseñe a respetar a las mujeres y a las personas?

Esto que fue escrito por esta valiente mujer, es la realidad nacional que nos representa como varones. La mayor parte de quienes se proclaman duros e invencibles con los que nadie se mete ni se juega; con su silencio cobarde son cómplices y compartidores de los resentimientos sexuales de quién insulta a las mujeres.

Yo por mi parte, no le permito ofensa alguna a quién maltrata a una mujer.

Creo en la respuesta de la causa/efecto. A los señores se los trata como señores… A los intelectuales como intelectuales… ¡Y a los patanes como patanes!