Alberto Cortez es un artista contemporáneo. Mucho más conocido como cantante que como poeta. Nació en Rancul, Provincia de la Pampa, al norte de Argentina el 11 de marzo de 1940. A los 12 años comienza a componer canciones, con un éxito grande desde su inicio . Una de sus primeras melodías de esa época fue: “Un cigarrillo, la lluvia y tu”.

A los 17 años se inicia como cantante de la Orquesta Arizona en San Rafael, donde se hace conocido como Chiquito García. Luego el Conjunto folklórico “Los Andariegos” lo invita a formar parte, pero su padre se opone por los estudios.

Luego va a Buenos Aires, estudia Derecho y canta en Boites por placer y para ayudarse en sus estudios. Se lo pelean Directores de orquesta por tenerlo como vocalista y empieza a cantar con el seudónimo de Alberto Cortez, alternando con la orquesta de Armando Pontier con Julio Sosa y Héctor Ferrari y recorre el país con la Jazz San Francisco.

Su historia es demasiado conocida. Sus canciones igual. Yo quiero aquí destacar un poema de su autoría que encierra tantas cosas como sus canciones tanto las propias como las de Facundo Cabral que injustamente nos abandonó hace poco tiempo. Disfrutemos su descripción de “El Vino”

El Vino
Alberto Cortez

Si señor, si señor,
El vino puede sacar cosas que el hombre se calla.
Que deberían salir cuando el hombre bebe agua.
Va buscando pecho adentro por los silencios del alma
Y les va poniendo voces y los va haciendo palabras.
A veces saca una pena, que por ser pena es amarga,
Sobre su palco de fuego la pone a bailar descalza.
Baila y bailando se crece, hasta que el vino se acaba
Y entonces vuelve la pena a ser silencio del alma.

Sí señor,
El vino puede sacar cosas que el hombre se calla.
Cosas que queman por dentro, cosas que pudren el alma
De los que bajan los ojos, de los que esconden la cara.
El vino entonces libera la valentía encerrada
Y los disfraza de machos, como por arte de magia.
Y entonces son bravucones, hasta que el vino se acaba.
Pues del matón al cobarde, sólo media la resaca…

Sí señor,
El vino puede sacar cosas que el hombre se calla.
Cambia el prisma de las cosas cuando más les hace falta.
A los que llevan sus culpas como una cruz a la espalda.
La impura se piensa pura, como cuando era muchacha,
Y el astado regatea la medida de su drama.
Y todo tiene colores de castidad simulada.
Pues siempre acaban el vino y los dos, en la misma cama

Sí señor,
El vino puede sacar cosas que el hombre se calla.
Pero ¡qué lindo es el vino!
El que se bebe en la casa del que está limpio por dentro
Y tiene, y tiene brillando el alma.
Que nunca le tiembla el pulso cuando pulsa una guitarra,
Que no le falta un amigo ni noches para gastarlas,
Que cuando tiene un pecado, siempre se nota en su cara.
Que bebe el vino por vino, y bebe el agua por agua.