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Dejé por dos meses y algo más esta columna como una suerte de tiempo para refrescar la mente y permitirnos no descansar, pero sí calibrar la óptica de opinión con que se he desarrollado este espacio. Ya de regreso y con nuevos bríos, la salida del intendente general de policía del Guayas, Julio César Quiñónez, trajo cola… y de cuero.

Roberto Cuero Medina ingresó a la Gobernación del Guayas como el primer negro (afroecuatoriano se dice ahora) en ocupar esa distinción. Sin ser guayaquileño de nacimiento eso no obstó para que gozara de la confianza del presidente Correa: Cuero sirvió de ariete revolucionario para molestar a un segmento minúsculo pero importante de la sociedad guayaquileña que cree que las cosas aun se ganan por apellidos, colores y olores. Pero la revolución de Cuero se quedó en los discursos, pues las legendarias y partidocráticas prácticas en Intendencia de Policía y Comisarías de Policía se repitieron y con fuerza.

Siempre he sostenido que las gobernaciones provinciales, intendencias de policía, comisarías de policía y las tenencias políticas son un rezago del coloniaje español que el centralismo andino supo modificar para ejercer control y fomentar el estatismo. Con municipios autónomos que supuestamente controlan espectáculos públicos, mercados, uso de espacio público, permisos de operación comercial, ¿para qué las intendencias de policía? Si los habitantes de las provincias eligen a un prefecto, ¿para qué el gobernador?

Los que esperaron sentados la salida de Roberto Cuero y compañía fueron bien recompensados en la espera. Pero su salida no debe cerrar este tema pues las investigaciones deben seguir y dar con los responsables de las gravísimas denuncias de baratería y demás. Que Cuero no es culpable, pero sí responsable es una tesis que bien podría aplicársele al canciller Patiño Aroca, pero hasta en la revolución el que tiene padrino se bautiza y al padrino de Cuero se le acabó el capillo.

Si la figura de Cuero como gobernador del Guayas se amparaba en el Art. 155 de la Constitución, sus gestiones como controlador de políticas del Ejecutivo, más director y coordinador de las actividades de servidores públicos, dejan mucho que desear. Los arietes no piensan ni coordinan, están diseñados para romper puertas o muros en el fragor de la lucha. En el largo asedio a la alcaldía de Guayaquil (cosa aun esquiva para PAÍS), Cuero era un peón de brega.

Expertos en prestidigitación política para esconder escándalos, el aparato de comunicación de PAÍS bien ha podido tapar el real escándalo de corrupción en la Gobernación del Guayas, con un show interesante como el de nombrar una mujer en ese puesto lleno de desórdenes y escozor.

Viviana Bonilla entra ahora al ruedo de gobernadora. Joven abogada y asambleísta (PAÍS) por Guayas, tiene entre sus manos una oportunidad histórica que esperemos su juventud le permita dimensionar. No queremos shows tapa escándalos en Guayas: queremos autonomía para nuestra prefectura y para nuestros municipios. ¿Podrá Viviana Bonilla desmarcarse de la agenda política de Carondelet y marcar su propia agenda de unión y trabajo en Guayas? Bien difícil. Igual suerte y mucha a la nueva gobernadora.