Siendo el Domingo 13 de mayo el día de la madre, quiero aprovechar estos tres lunes, para poner tres hermosos versos que tienen relación con ese ser maravilloso que Dios ha puesto para que el hombre tenga un alma sencilla, noble y generosa.

En este lunes30 de abril, quiero publicar un poema de Rafael de León, extraordinario poeta español de quien ya hemos hablado. Esta poesía de él ha trascendido fronteras y creo que muy pocos pueden no haberla oído o leído antes y es tan hermosa, que vale la pena que la recordemos.

Toíto te lo consiento

Rafael de León

¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día,
sin saber quien la cantaba,
ni de qué rincón salía…?
¡Qué encanto! ¿Verdad?
¡Qué duende! ¡Qué sentimiento!
¡pero que estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

“Toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare,
que una mare no se encuentra,
y a ti te encontré en la calle”.

No vayas a figurarte
que esto va con intención,
tú sabes que por ti tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino
le entregó por compañera.

Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
“Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare”.

Y me he enterao, casualmente
de que la faltaste ayer
y nadie me lo ha contao,
nadie, mas yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi corazón repartío;
si encuentro al uno llorando,
es que el otro le ha ofendío;
y mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío? ...¡catorce!
¿Quieres un reloj? ...¡Con brillantes!

Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando,
que si soy pa’ti un muñeco,
que si me has quitao el mando…

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros
por donde se va a los mares
el río de mis dineros.
Que yo, con tal de que nunca
de mi lado te separes…
“toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare”.

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un sí ni un no,
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira,
que me crió con su seno
y me guiaba de la mano
para que me persignara
como todo fiel cristiano,
y en las candelas del hijo
consumió su juventud,
cuando era… ¡cuarenta veces,
mucho más guapa que tú!

Tienes que hacerte de cuenta
que la has visto en los altares
e hincártele de rodillas
antes de hablarle a mi mare.
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor,
¡Que yo me casé contigo,
porque ella me lo mandó!

Conque a ver si tu conciencia
se aprende esta copla mía,
muy semejante a aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quien lo cantaba,
ni de qué rincón salía:

“A la mare de mi alma,
la quiero desde la cuna.
Por Dios, ¡No me la avasalles!
Que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle”.