Es indudable que cuando una persona ostenta el poder y sabe que en cualquier pleito tiene las de ganar, ya sea porque la verdad lo asiste, porque la ley está de su lado, o porque tiene el poder para imponer su punto de vista, cobra fuerzas e impone su voluntad y apabulla al adversario. Lo hemos visto infinidad de veces a lo largo de la historia. Lo que pasó con nuestro Amazonas, del cual ahora sólo conservamos el nombre es un ejemplo de ello. Una mala maniobra política en 1897, al sacar a los Jesuitas que instruían, ayudaban e inscribían a los indios marginados que vivían en zonas aledañas a las fronteras, dio paso a que tanto Perú como Colombia tomen fuerza en la región y luego arreglos diplomáticos o guerras cercenaron nuestro territorio.

Da tristeza ver cómo ahora estamos quedando ante el mundo con las polémicas desatadas tanto por la sanción al Universo, por el silenciamiento de la prensa, por la impavidez ante la devolución de las espadas de Alfaro y la desfachatez del grupo de ¿personas? que se apropiaron de lo que no les pertenecía y que ahora son parte del Gobierno sin que nadie los haya sancionado ni hayan devuelto lo robado y luego, pese a que es sabido por todos que esas espadas pertenecen al Mueso de Guayaquil, no les sean devueltas, como corresponde a la gente de honor.

Comprendo al grupo Diabluma y a los Alfaro Vive que se oponen al Monumento a León, ya que León los atacó e incluso el Ejército en su época mató al defender al país del terrorismo a algunos de sus compañeros, pero estos no son guayaquileños y si los hay son muy pocos. El Monumento se quiere poner en Guayaquil, aunque León se merece uno mayor en la Patria. Una inmensa cantidad de guayaquileños queremos agradecer a León con un monumento justamente por eso, por haber limpiado al país de lo que consideramos delincuencia, pues secuestraban, asesinaban, robaban y por haber limpiado de delincuentes y pipones el Cabildo Guayaquileño.

Vuelvo a pedir a nuestro Presidente que reflexione y actúe como corresponde. Que permita la estatua de León en el sitio escogido por el Cabildo, que las espadas regresen a su legítimo dueño y que suspenda el juicio y la sanción y devuelva la libertad de expresión para todos en el Ecuador. Si el Presidente Correa cree que hay motivos lógicos para objetar alguno de estos tres pedidos, que por favor los explique al país y al mundo, con razones válidas para su oposición. Yo no encuentro motivo para no devolver las espadas a su legítimo dueño, para callar a la prensa, que si bien es cierto puede a veces exagerar, pero que para juzgar es necesario oír a ambas partes (a menos que se trate de borregos), y para oponerse a que la ciudad le rinda homenaje a una persona que hizo tanto por ella y por el país (aunque a algunos no les haya gustado).