
Ni verduras a la juliana ni Juliana que mala eres, “julianas” porque son las fiestas de Julio, en las que celebramos la fundación de la bella ciudad de Guayaquil, “Perla del Pacífico”.
Lamentable el anterior accidente del edificio Las Cámaras, que ha empañado este mes, siempre festivo y alegre para todos los guayaquileños. Pero, como todo en la vida, incluso los accidentes fatales son una experiencia para el aprendizaje. Nos motiva una vez más a la reflexión: ¡debemos estar preparados! ¿Preparados para qué? ¿Para saber qué hacer en caso de incendio? ¡Sí! Pero lo que debemos aprender, es saber qué hacer en caso del incendio interior, cuando nuestra alma y nuestra mente se mantienen consumiéndose en las llamas de nuestro propio infierno, el que nosotros hemos permitido que se instaure en nuestra vida a causa de decisiones y acciones equivocadas. Estar en paz con Dios, con nosotros mismos y con los demás, es el mejor antídoto contra la desesperación, sobre todo en momentos de angustia extrema. Dominique Lapierre, el célebre autor francés, cuenta en uno de sus libros, algo más o menos así: era la noche en la que un gas tóxico escapó de una fábrica en Bophal, la gente corrió desesperada para librarse de una muerte segura o mínimo serios trastornos respiratorios y cardiacos a causa del gas mortal, un sadhu (renunciante o monje), se quedó sentado bajo un árbol y suspendió el flujo de su respiración, una vez que la nube de gas pasó de largo por el lugar a donde él estaba, el sadhu volvió a respirar. Muchos murieron porque al correr agitadamente producían mayor desgaste de su corazón y su respiración se volvía más agitada lo que los obligaba a consumir más aire (oxígeno) que estaba obviamente contaminado.
El sadhu sobrevivió al paso del gas mortal sobre su cabeza. El sadhu, un yogui
que practica a diario su meditación en Dios y mantiene un control auténtico de su vida, de toda su vida, inclusive de sus funciones básicas.
¿Podemos llegar todos a manejar las cosas, la vida, la respiración de esa manera? Si podemos. Es cuestión de discernimiento, práctica y voluntad. De que nos demos cuenta de qué es lo importante. De cómo estamos viviendo y en qué y por qué nos estamos consumiendo en lugar de vivir a plenitud. Es difícil encontrar las respuestas o el camino cuando queremos hacerlo solos. Es bueno y saludable buscar un buen consejero. En el corazón de cada uno se debe albergar el nombre de quien sabemos nos será útil en esta búsqueda.
Julio un mes para reflexionar, para crecer, para ser mejores. Si cada guayaquileño empieza a reconocer su horizonte verdadero y da pasos nuevos, en calma, para reconstruir su propia vida, la ciudad entera se verá afectada positivamente y brillará más aún en el esplendor de su belleza.

A mi opinión, las fundaciones son un trámite de la conquista española, todas las ciudades ya existían antes de ser fundadas por ellos, no necesitabamos de ese particular suceso para existir como sociedad.