Una parte de los manabitas se inclina más a Quito que a Guayaquil. En mi ciudad, esto es un sentir socialmente aceptado. Algunos, despectivamente, lo expresan con la frase: “el manabita es el serrano de la costa”. Siempre me intrigó este decir y el origen de un cierto fastidio hacia Guayaquil que se percibe en algunos manabitas, no en todos.

Conversando sobre la necesidad de unir fuerzas contra el centralismo, un dirigente gremial manabita me dijo: “Prefiero mil veces ser esclavo de un quiteño que de un guayaquileño”. Solo atiné a decirle que no debería sentirse esclavo de ninguno y me quedé impactado por el (re) sentimiento que se escondía bajo sus palabras y que asumo proviene del opaco mundo de las pasiones.

Algunos racionalizan ese fastidio por el hecho de que deben movilizarse a Guayaquil para obtener ciertos servicios o bienes que no hay en Manabí, cuando más bien, como me decía otro manabita, habría que “agradecer” que estén disponibles en Guayaquil y no más lejos.

Ahora bien, frente a un sistema tan injusto como el centralismo que todo se lo lleva hacia la “Capital”, lo lógico sería que Manabí y Guayas se unan. ¿A dónde se han llevado el control del Aeropuerto de Manta?; a la misma ciudad a donde se llevarán el de Guayaquil si es que gana el Sí, es decir a Quito, así lo estipula el Art. 261 literal. ¿A dónde se llevarán la Asamblea que funcionaba en Montecristi?; no a Guayaquil, sino a Quito, así lo establece el Art. 118. ¿Quién resulta más conveniente como aliado político para conseguir la autonomía por la que se pronunció Manabí en el año 2000, Moncayo o Nebot?; la respuesta la encontramos en la simpatía que ha declarado tener Paco Moncayo por el proyecto de Constitución, porque dizque “es un avance en cuestiones de autonomía”, cuando basta saber leer para entender todo lo contrario, el Art. 261 se reserva 12 competencias como exclusivas del Gobierno central, cuando la actual constitución sólo contempla 3. Qué hipocresía!, la verdadera razón de la alegría del Alcalde de Quito proviene de que el centralismo no sólo quedaría intocado, sino que se reforzaría mucho más; detrás de las repetidas declaraciones que en los últimos años hizo Moncayo a favor de la Autonomía sólo ha existido la vocación centralista que consignó en aquel manifiesto público en el que exigió que la sede de la Asamblea no podía ser otra que Quito.

Carlos Vallejo, archi centralista, preside el Banco Central, el ex prefecto de Pichincha preside el IESS, cuyo patrimonio es mayor que el de toda la banca junta, una serrana que pagó millones a un abogado dizque por cobrar, es la Ministra de Finanzas, los militares -serranos en su gran mayoría- manejan desde las carreteras hasta las haciendas de los Isaías. Todo el guiso está en sus platos. Mientras que en la costa se prohíbe exportar arroz, crece el desempleo y apenas se sueña con que alguna migaja caiga desde la mesa andina del Presupuesto Central.

La lealtad de Manabí debe ser consigo misma. Si “País” dejó a Manabí sin Asamblea y sin su Autonomía, me pregunto: ¿Puede Manabí lograrlo sin Guayas?.