Una dolarización a la ecuatoriana, en el argot de la RC, no se traduciría en desdolarización, aunque sus castrados cerebros mantengan una extraña fijación en lo irrefutable. Otros que secundan tesis contrarias a la dolarización, sesgados contra el capitalismo, se refugian en el vanguardismo de la izquierda más obtusa y absurda.
Es poco probable, pero imposible tampoco, que la RC consiga desdolarizar porque se necesitaría un omnipresente poder político que ya no ostenta. Tendría que primero desintegrar todo un andamiaje constitucional, aunque escaso en institucionalidad, que no le permitiría intervenir la economía sin que antes la sociedad protegiera sus dólares. El caos provocado, incluso por un nuevo feriado bancario, se traduciría en la caída del gobierno.
Si sabe que es así y, difícilmente no lo sepa, ¿por qué entonces la RC continúa planteando la desdolarización? Porque ignorando la ley de Gresham, valida un presunto beneficio por la circulación de dos monedas paralelas que le permitiría pulverizar remesas y emitir pagos, aunque inorgánicamente, para proveedores y burócratas, entre otros. La discapacidad intelectual, audaz y atrevida, da voz a tanto leguleyo.
La dolarización no es una panacea monetarista y por sí sola tampoco produce crecimiento económico o estabilidad en los mercados, pero el hecho que en los últimos 25 años no se hayan emprendido otras medidas complementarias no significa que estaríamos mejor sin el dólar. La dolarización, al igual que la muerte y los impuestos, es también irreversible.
Bien explicado