3 abril, 2025

Archivo Histórico del Guayas

No se puede escribir sobre esta institución sin mencionar una anterior de similares fines. Son cerca de noventa años de tratar de preservar y difundir la historia de nuestra ciudad. En el largo trayecto han existido momentos en que se desconocía cuál era el futuro del lugar donde debía guardarse la memoria histórica. La mayoría de los líderes del puerto desconocen la existencia del Archivo Histórico del Guayas (AHG); saben su nombre, pero no tienen claro lo que hace. Lamentablemente, no todos ellos tienen interés por la historia; en general, el guayaquileño lee poco. Hay escasez de intelectuales, a diferencia de ciudades serranas, donde hay muchos, casi todos de pensamiento socialista.

Por primera vez me enteré del AHG a fines de 1988. Estaba investigando para escribir la historia del cacao, promesa que me había hecho en 1967, cuando terminé mis estudios universitarios e ingresé a trabajar en una empresa exportadora de cacao. Visité las librerías para comprar todo lo publicado sobre este fruto. Para mi asombro, a esa fecha no se había escrito ninguna historia, a pesar de haber sido la principal fuente de ingresos para los sectores públicos y privados del país durante aproximadamente 160 años. En los años setenta se publicaron libros de historiadores no guayaquileños. Cuando visité las instalaciones del AHG, la atención era parcial, y la mayoría de la documentación se encontraba embodegada. Comencé a investigar qué había sucedido y me enteré de que el director había renunciado y no había reemplazo; así estuvo hasta 1996. Más adelante, los detalles de lo que sucedió.

Guayaquil siempre había tenido historiadores, pero no estaban agrupados; trabajaban independientemente y, para escribir sus obras, tenían que buscar por todos lados. El primer gremio de historiadores guayaquileños, el Centro de Investigaciones Históricas (CIH), se creó, según el acta constitutiva publicada en el primer Boletín, en 1930, por iniciativa de Gustavo Monroy Garaicoa, junto con Carlos Matamoros Jara, Virgilio Drouet, Alejandro Gangotena Carbo, César Villavicencio Enríquez, Juan Antonio Alminate, Manuel Antonio Jurado Rumbea y Jaime Tomás de Verdaguer García. La finalidad fue “… la obtención de documentos de carácter histórico, para coadyuvar de este modo a la formación más tarde de los Archivos Nacionales”. En acta posterior se nombró a Carlos Rolando, director. La información histórica de Guayaquil que había sobrevivido a numerosos incendios se encontraba regada por toda la ciudad, y los fundadores creían importante reunirla en un solo sitio. Su lema fue “Hacer presente lo pasado, descubriendo la verdad sin deformarla”. Esta breve oración encierra una gran verdad. La historia no puede ser manipulada, como lamentablemente ciertos historiadores ecuatorianos lo han hecho y siguen haciendo. Ha prevalecido el sesgo ideológico. Para el estudio de la historia, los miembros del CIH establecieron cinco períodos, desde la Prehistoria hasta la República, pero con especial énfasis en lo que había sido la Provincia de Guayaquil. Las investigaciones comenzaron a publicarse en boletines. El CIH funcionó en una oficina en la planta baja del Municipio, tuvo una biblioteca que creció en número de libros y recibió fondos bibliográficos. También el Municipio facilitó la imprenta para publicar los boletines; la Universidad de Guayaquil y la Casa de la Cultura colaboraron posteriormente. Entre las historias para investigar estaba la económica, pero no hubo el conocimiento o interés; el CIH muy poco investigó este tema. Los historiadores ecuatorianos han tenido preferencia por la historia política, diplomática, social y limítrofe. Debe ser manifestación de país en vías de desarrollo. En las naciones del Primer Mundo abundan las historias sobre economía y empresa. La Historia Monetaria y Cambiaria del Ecuador (1953) fue escrita por Luis Alberto Carbo Noboa, guayaquileño, graduado de ingeniero en la Universidad de Columbia, Nueva York, colaboró con la Misión Kemmerer (1926-1927) y trabajó en el Banco Central como director de Investigaciones Económicas. Irónicamente, fue publicada en Quito. En sus palabras, antes de esta obra: “…no se había escrito nada completo…”. El CIH estuvo activo hasta fines de los años cincuenta.

Pasaría más de una década sin que Guayaquil tuviera una institución de estudios históricos. En 1969, Julio Estrada Ycaza organizó la Junta Cívica con la finalidad de preparar actos del Sesquicentenario de la Independencia de Guayaquil. Estrada, para esa fecha, tenía muchos años investigando la historia de Guayaquil, y en 1968 había publicado El Hospital de Guayaquil. Se propuso rescatar el trabajo iniciado por el CIH y creó el Patronato del Archivo Histórico del Guayas (AHG) por decreto ejecutivo; José María Velasco Ibarra lo firmó el 7 de mayo de 1971. Un mes después, los estatutos estaban aprobados. En 1972 había conseguido la transferencia de los archivos de los escribanos públicos desde 1623 que pertenecían al CIH. Gradualmente fue adquiriendo documentos y microfilms del exterior. En 1980, por falta de fondos, León Roldós A., presidente de la Junta Monetaria, apoyó la firma de un contrato de comodato con el Banco Central del Ecuador, que había creado el departamento cultural, así Estrada pasó a reportar al director de ese departamento. Estrada recurrió a la ayuda de investigadores nacionales como Juan Freile Granizo y extranjeros, como Michael Hamerly, quien vivió en Guayaquil y colaboró en el AHG. Por muchos años fue el editor de The Americas, una de las publicaciones más respetadas en Estados Unidos sobre la historia de las Américas. Hamerly hizo enorme contribución a la historia de Guayaquil, entre sus investigaciones publicó Historia Social y Económica de la Antigua Provincia de Guayaquil.

El AHG comenzó a funcionar en el Centro Cívico, con carácter temporal; se planeaba tener local propio y funcional. Poco a poco fueron saliendo las publicaciones, permitiendo a los guayaquileños conocer la historia de su ciudad. La primera revista se publicó en el primer semestre de 1972; contenía artículos y reproducción de documentos coloniales y republicanos. Durante la dirección de Estrada, se publicaron 20, que fueron altamente demandadas en el exterior. Estrada publicó colecciones y libros, entre ellos: Actas del Cabildo, El Puerto de Guayaquil, La Fundación de Guayaquil, La Lucha de Guayaquil por el Estado de Quito, Andanzas de Cieza por Tierras Americanas. También publicó trabajos de Jaime E. Rodríguez, Juan Chacón, Abel Romeo Castillo, Luis Noboa Icaza y Juan Freile Granizo. Desarrolló una red internacional de contactos y se suscribió a famosas publicaciones como The Americas. Desde mediados de los ochenta, Estrada comenzó a tener fricciones con sus superiores, quienes daban preferencia a publicaciones de la matriz Quito. Recuerdo que uno de los nietos del General José María Urbina, ex presidente de Ecuador, me comentó que había transcurrido un año y no salía la biografía de su abuelo. Decepcionado por falta de apoyo, Estrada renunció en enero de 1988. Con su salida se acabaron las publicaciones y se perdieron los contactos con el exterior. Las suscripciones no se renovaron. Estrada dejó numerosos libros sin terminar; su hija Cecilia Estrada Solá y María Antonieta Palacios tomaron la iniciativa de terminarlos; desde el año 2000 han publicado cinco tomos de la Guía Histórica de Guayaquil. Excelentes publicaciones, todo guayaquileño debería leerlas.

Entre 1988 y 1996, funcionarios de mandos medios del Banco Central estuvieron a cargo de una institución que no prestaba mayor servicio. La visité en algunas ocasiones tratando de conseguir acceso a la información que buscaba, algo conseguí. Personas cercanas al AHG me comentaron que el plan era llevarlo a Quito. Para esa fecha, escribía en El Telégrafo y dediqué espacio en mis artículos para reclamar por el estado en que se encontraba el AHG. También conversé con Germánico Salgado, presidente de la Junta Monetaria. Pasaron los años y se mantuvo en acefalía. En 1996, Abdalá Bucaram fue electo presidente y nombró a Álvaro Noboa P. presidente de la Junta Monetaria. Conociendo que José Antonio Gómez Iturralde tenía interés en ocupar el cargo, lo llamé para confirmarme esto. Con su afirmación, visité a Álvaro, quien llamó a Augusto de la Torre, gerente general del Banco Central. José Antonio se posesionó en pocas semanas. Él consiguió que el AHG funcionara en parte de una propiedad recibida por el Banco Central en dación de pago. En 1998, el AHG abrió sus puertas al público.

Algunos de los empleados que habían trabajado desde la época de Julio Estrada y luego bajo la supervisión de varios ejecutivos del Banco Central, continuaron colaborando con la dirección de José Antonio. En diferentes años se contrataron a investigadores, entre ellos, Carlos Calderón Chico, Telmo Viteri Briones, Luis Delgadillo Avilés y Willington Paredes Ramírez. Este último fue el que más tiempo permaneció con José Antonio, hasta su renuncia. Willington tenía una larga experiencia en el estudio de la historia ecuatoriana y, antes de ingresar a trabajar en el AHG, ya había publicado algunos libros. Además, era profesor de la Universidad de Guayaquil y columnista del diario Expreso. Desde los primeros meses se iniciaron conferencias y charlas de temas históricos. Posteriormente, se capacitó a profesores de las escuelas fiscales. Con José Antonio nos dividimos el trabajo. El mío, como subdirector ad-honorem, al inicio fue sugerir la clase de publicaciones que se deberían publicar. Recuerdo que se recopilaron las crónicas de más de 30 extranjeros que habían visitado Guayaquil desde el siglo XVI, y con el título de Guayaquil y el Río se publicaron partes de ellas en tres volúmenes. Parte importante de mi trabajo fue la organización del AHG, hacer cambios para lograr la máxima eficiencia, pero no se pudo avanzar en ciertas áreas por falta de recursos. Uno de los paleógrafos renunció al poco tiempo.

A pesar de la buena voluntad de los gerentes de la Sucursal Mayor del Banco Central, hubo problemas de fondos para cubrir los presupuestos que se aprobaban en Quito. Muchos proyectos se quedaron en planes, pero con los valores asignados se lograron publicar aproximadamente 20 libros, entre ellos: Diarios de Guayaquil, Historia del Malecón de Guayaquil, Crónicas, Relatos y Estampas de Guayaquil.  José Antonio amplió las actividades del AHC sin recurrir a mayores gastos. Una fue la capacitación de maestros de escuelas y colegios fiscales. Se dictaron seminarios y conferencias en el pequeño auditorio del AHG y otros lugares; además hubo exposición de fotos antiguas. Durante su dirección, entre los   investigadores que colaboraron estuvieron: Carlos Calderón C., Luis Delgadillo A. y Willington Paredes R. Con el inicio del actual Gobierno, el presupuesto comenzó a disminuir año a año, llegó el momento en que José Antonio no contaba con suficientes fondos para operar el AHG y tuvo acoso hasta terminar su relación de trabajo. José Luis Ortiz comenta que el actual Gobierno se sentía molesto porque el AHG “era una cueva de pelucones”. http://biblioteca.bce.ec/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=76972. Se rumoraba que el Ministerio de Cultura asumiría el control, como ocurrió. En pocos meses Mariela García C. fue nombrada directora, pero con un presupuesto exiguo fue poco lo que hizo. Actualmente la persona responsable es Delia María Torres, trabaja en el AHG desde 1996. 

No he visto una nueva publicación del AHG en años. Sorprende porque atrás del actual Gobierno hay numerosos intelectuales socialistas que han publicado muchas obras, patrocinadas por el Ministerio de Cultura y otras instituciones públicas. No conozco de otro Gobierno que haya editado tantos libros y cuadernos de temas sociales para los estudiantes de primaria.  La mayoría con sesgo ideológico. ¿Por qué no hubo suficientes fondos para el AHG? Actualmente el presupuesto del Estado ha sido reducido, pero la indiferencia no es del 2016, viene de años, cuando el Gobierno disponía de dinero en cantidades nunca vistas.

Las Fuerzas Vivas de Guayaquil deben asumir una posición clara de apoyo al AHG que tiene una lenta muerte para luego posiblemente revivirlo en Los Andes bajo otro nombre. 

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