Nuestros Historiadores – III
Los “historiadores expertos” sobre el período de la independencia, no han leído la abundante bibliografía publicada entre 1820 y 1840; como ejemplo los más de XX volúmenes de las Memorias del General O’Leary, cercano a Bolívar, donde se reproducen centenares de cartas de los protagonistas de la Independencia. Quienes sostienen que los guayaquileños no contribuyeron con dinero, recursos materiales y humanos a la Independencia de Ecuador, por desconocimiento o mala fe, no han escrito que un mes después de la Independencia de Guayaquil, Olmedo en carta del 27 de noviembre de 1820, al Coronel Luzuriaga, uno de los asesores militares extranjeros, le hacía ver su decisión de apoyar la liberación de todo el territorio ecuatoriano:
“Sobre colección de armas, pertrechos, municiones y dinero de la caja que haya ido entrando en ese pueblo de la división dispersa, y demás atenciones y disposiciones necesarias, el gobierno reposa en el celo y acreditados conocimientos de Vuestra Señoría, quien, aceptando esta comisión, dará una nueva prueba de su patriótica adhesión a la más justa de las causas”. El subrayado es puesto por el articulista para recalcar. En carta del 18 de diciembre del mismo año, le informa:
“Quisiera que usted avisara cuándo quiere que la falúa vaya por usted. La absoluta falta de canoas hace que los 50 infantes y la Patriótica salgan mañana por la mañana en balsas”.
Nuestros Historiadores – II
Para las primeras décadas del siglo XIX, Guayaquil se había convertido en la ciudad más próspera de la Audiencia de Quito y la que más exportaba. En ella se encontraban los empresarios más ricos e importantes. Atrás había quedado el esplendor de las ciudades serranas que vivían una devastadora depresión económica desde fines del siglo XVIII. En 1790, Juan Antonio Mon y Velarde, Visitador, envió un informe al Rey sobre el deplorable estado de las ciudades de la región andina, especialmente de Quito. En su extenso informe menciona que habiendo sido esa ciudad una de las más ricas de América “…se ve hoy llena de ruinas que causan error verlas, dando un espantoso testimonio de su pasada opulencia…”. Se refiere a que los pocos negocios que hay “…caminan a su decadencia…”Agrega: “…en el curso de doce años no se ha fomentado ningún nuevo ramo de industrias…los trapiches se han disipado, los ganados perecidos por las pestes…” Si así eran las precarias condiciones económicas de Quito y demás ciudades de la sierra, era evidente que el principal aporte económico para financiar las guerras de la Independencia tendría que provenir de Guayaquil, como efectivamente sucedió. Los fanáticos de Bolívar se olvidan las duras expresiones de él contra los quiteños, por no ayudarlo financieramente como sí lo hacían los guayaquileños.
Nuestros Historiadores – I
Me refiero a aquellos que han escrito sobre la historia ecuatoriana sin usar fuentes primarias, basados en lo que narraron otros, décadas después de haber transcurrido el episodio en estudio. Sus obras están llenas de inexactitudes, los hechos han sido interpretados de acuerdo a la ideología y creencias del autor, no a lo que realmente sucedió. Estas contradicciones históricas existen desde la Independencia de Guayaquil.
En el 2009 estuve en Ciudad Alfaro y tuve la oportunidad de ver el trabajo que se comenzaba a hacer para albergar documentos y fotos relacionadas con Eloy Alfaro. En diferentes lugares hay mensajes en las paredes relativos a este personaje sacados de nuestros libros de historia. En estos se puede interpretar que quienes pelaron junto al Alfaro fueron gente del pueblo. Almorzando con una autoridad de Ciudad Alfaro, le hice referencia a una foto que estaba en exhibición, en la que se encontraban jóvenes soldados que habían acompañado a Alfaro en su enfrentamiento con Veintimilla en las montañas de Manabí. Señalando a uno de ellos, le mencioné que era el abuelo de León Febres Cordero y a otro, Luis Adriano Dillon, padre de los Dillon Valdez, de la familia propietaria del Ingenio Valdez. Recuerdo claramente que sorprendida me expresó: “Habrá que escribir una nueva historia”. Efectivamente hay que hacerlo. No se puede seguir escribiendo sobre verdades a medias.
Gabriel García Moreno
El presidente Correa desde que fue candidato ha señalado que el personaje de la historia que más admira y con quien se identifica es con el presidente ultraconservador Gabriel García Moreno, “El Santo del Patíbulo”, según Benjamín Carrión; sin duda que Correa está en su pleno derecho de admirar al personaje que para él es el paradigma a seguir.
Quiero recordarles, amables lectores, algunos pasajes de la “vida, pasión y muerte” de García Moreno:
Diciembre 21 de 1859, solicita al encargado de Negocios de Francia en el Ecuador, Emile Trinité, que Francia acepte al Ecuador como protectorado.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Parte final
Con respecto a los que tildan a los empresarios de “oligarcas guayaquileños”, el mensaje que se ha querido comunicar en estos escritos es que están equivocados. Los empresarios se encuentran donde están por sus propios méritos, logrando sobresalir por habilidades que no tienen todos los ciudadanos, en el no fácil mundo de los negocios. En la narrativa se ha demostrado la dinámica empresarial vista en la rotación permannte de apellidos de empresarios que surgen y de otros que desaparecen o sus empresas disminuyen en importancia con el transcurso del tiempo.
La dinámica se observa claramente en el ranking anual de las empresas más grandes de Ecuador, no siempre ellas se ubican en el mismo puesto al comparar un año con otro. En el largo plazo, las diferencias son notables. Si se compara el ranking del 2009 de Vistazo con el de 1993 de la Superintendencia de Compañías, es decir lo que ha sucedido en 17 años, se observa lo siguiente: 16 empresas ya no se encuentran entre las 25 más importantes por causas como cierre de operaciones, salida del país o sectores de bajo crecimiento en relación con el resto de la economía. La mayoría desplazadas son guayaquileñas. Lo que quiere decir que el poder económico se encuentra en otras ciudades y pertenece a otros apellidos.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Sexta Parte
Así como numerosas personas de otras provincias llegaron a Guayaquil para prosperar y mejorar su nivel de vida, desde antes de la Independencia, extranjeros se radicaron aquí, por la misma razón: triunfar en el mundo de los negocios a través de esfuerzo, tenacidad, visión y responsabilidad. Todos salieron de sus respectivos países en busca de un mejor porvenir en tierras extrañas y lo encontraron en nuestra ciudad que se convirtió en enclave comercial, donde con iniciativa y trabajo se podía hacer fortuna. La mayoría de los que vinieron se casaron con guayaquileñas, unos se regresaron después de vivir años en nuestra ciudad y otros se radicaron y se encuentran enterrados en suelo porteño. En los primeros decenios de la Independencia los que más prosperaron fueron estadounidenses, españoles e ingleses; posteriormente alemanes, italianos y españoles. A partir de fines del siglo XIX, libaneses, chilenos, colombianos y asiáticos. Posteriormente españoles, judíos, libaneses y colombianos.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Quinta Parte
Con el inicio del auge cacaotero en las últimas décadas del siglo XIX, la economía guayaquileña comenzó a crecer a tasas sin precedente, la población aumentó, más personas se incorporaron a la población económicamente activa y mayor fue el consumo de bienes y servicios. Dentro de este entorno favorable se establecieron numerosas empresas, incluyendo fábricas. Estas últimas se establecieron en la calle Industrias, actualmente Avenida Eloy Alvaro. Los almacenes proliferaron y ofrecieron una gama más amplia de bienes. Este período, como en los anteriores, vio el nacimiento de pequeños nuevos empresarios que se hicieron grandes, logrando acumular riqueza, partiendo de nada. Uno de ellos, quizá el más representativo, fue Rafael Valdez Cervantes. Nacido en Ibarra, de joven se trasladó a Esmeraldas en busca de un mejor futuro. Allí entró a trabajar para Uladislao Concha Piedrahita, quien estaba en el negocio del tabaco. Después de ganar experiencia en la comercialización de ese producto, Valdez decidió trasladarse a vivir en Guayaquil, por ser ciudad económicamente mucho más importante que las demás.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Cuarta Parte
Hacer empresa privada en Guayaquil ha sido difícil desde siempre, por la crónica inestabilidad económica y política. Lo sigue siendo en el siglo XXI. A este mal enraizado se agrega el ataque frecuente a la gran empresa. La célebre expresión de Winston Churchill sobre la empresa privada se refleja en la forma como son vistos los empresarios guayaquileños: “Unos ven a la empresa privada como si fuera un tigre depredador que hay que matar. Otros la ven como vaca lechera que hay que ordeñarla”
La falta de aprecio por el trabajo de los grandes empresarios es un fenómeno que comenzó explosivamente después de los años veinte del siglo pasado. Prueba de la afirmación es la opinión, anterior a ese período, del periodista Manuel J. Calle, uno de los más importantes de su época, sobre Amalio Puga, gran hacendado y exportador de cacao. Calle en su serie de artículos Charlas, publicados en los periódicos guayaquileños El Guante y El Grito del Pueblo, entre 1911 y 1918, se expresó de Puga en los siguientes términos: “Nos vamos a quedar sin el apreciabilísimo señor Puga como Intendente de la Policía guayaquileña, lo cual será una verdadera lástima, dados el profundo aprecio y los grandes motivos de gratitud que esta libre y benemérita sociedad tiene o debe tener para con el expresado caballero…”. Cuando Puga fue conminado a pagar 150,000 sucres al Ministerio de Hacienda, lo defendió ardorosamente: “…somos de opinión de que es más que probable que el señor Puga no deba nada al Fisco en el concepto enunciado por el periódico quiteño. Era el régimen que infamaba a sus servidores sin concederle la participación en la forma debida, ya que les empujaba a la calle con miserias y un mundo de responsabilidades encima”. Calle se refiere a que Puga era víctima de represalias políticas por haber sido Ministro de Hacienda en la Presidencia de Alfaro. Puga fue otro empresario que acumuló fortuna por sus propios méritos, sus haciendas llegaron a tener plantaciones de cacao cuya producción se encontraba entre las más grandes de Ecuador. Pero como le sucedió a los demás grandes productores, las epidemias de cacao, liquidaron su fortuna y su apellido se sumó a los tantos desaparecidos del mundo de los grandes empresarios guayaquileños.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Tercera Parte
La existencia de la oligarquía guayaquileña es un mito, producto de la fantasía de los detractores del sector empresarial. Jamás ha existido club, logia o asociación de poderosos empresarios con afán de impedir la prosperidad de la gente. Los que han dirigido los destinos han sido personas que llegaron donde están, por su esfuerzo y dedicación. Se ganaron legítima y honorablemente la posición económica y social. Desde siempre, en cada década transcurrida han ingresado nuevas caras con distintos apellidos a hacer noticias, formando parte de los directorios de las cámaras de la producción, apareciendo en la promoción de una nueva empresa o apareciendo en los periódicos. No han sido los “mismos de siempre”, como erróneamente sostienen los detractores.
¿Oligarcas guayaquileños o personas de éxito? – Segunda Parte
¿Quién ha sido la mal llamada oligarquía guayaquileña? Nada menos que la fuente del progreso ecuatoriano desde que nos constituimos en república. Su contribución ha sido a través de diferentes formas. Una de ellas, por medio de préstamos a los gobiernos para cumplir con sus proyectos. Un ejemplo fue el préstamo del Banco de Ecuador a García Moreno para financiar los primeros trabajos de la construcción del ferrocarril de Guayaquil a Quito.
Los informes anuales del Ministro de Hacienda desde 1830 incluyen el número, monto y finalidad de los préstamos de los empresarios guayaquileños. Estas líneas de crédito se dieron hasta 1925. Pero antes de constituirnos en república, los empresarios guayaquileños fueron proveedores de enormes recursos económicos para lograr la Independencia de Ecuador. Sin la “oligarquía” guayaquileña, Ecuador no hubiera logrado su Independencia así como el progreso material de su pueblo o se hubiese demorado más tiempo en conseguirlo. Se estima que Guayaquil aportó con aproximadamente dos millones de pesos a la Independencia, cifra similar a tres veces el presupuesto del Gobierno de Juan José Flores en 1830. Otra forma de aportar al progreso material de los ecuatorianos ha sido introduciendo al país la modernidad en bienes del hogar, trabajo, salud, diversión, etc. Entre ellos se encuentran: luz eléctrica, vehículo motorizado (autos y camiones), gasolina, emisora de radio, aviación, línea blanca, estación de televisión, cemento, tractor e implemento agrícola, internet, transporte de servicio público, etc. Estos comentarios no deben desmerecer el aporte de otras ciudades del país.