Pablo Neruda
Con de la noticia de la probable exhumación de los restos de Pablo Neruda, quiero recordar aquí uno de sus más hermosos poemas.
Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, nació en Parral, Chile el 12 de julio de 1904. Fue un poeta y militante comunista chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo, siendo llamado por el novelista y ex Premio Nobel también, Gabriel García Márquez, “el más grande poeta del Siglo Siglo XX en cualquier idioma”. También fue un destacado activista político, siendo Senador de la República, integrante del Comité Central del Partido Comunista y precandidato a la Presidencia de su país. Entre sus múltiples reconocimientos destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y el Doctorado Honoris causa por la Universidad de Oxford en 1965. En palabras del crítico literario Harold Bloom: “Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”.
Tus cinco toritos negros
Hace unas semanas, a propósito del artículo “Como ser y estar siempre bella”, mencioné otra poesía de Manuel Benítez Carrasco, poeta español que vivió en Guayaquil por 1950 y que nos regaló el hermoso poema “A Guayaquil, barca novia de un río y un mar”, con el que iniciamos esta sección el 25 de julio, día de Santiago de Guayaquil.
Con motivo de las fiestas de Quito, vale la pena disfrutar esta hermosa, torera y erótica descripción de la mujer y la pasión, cuando estamos con aires toreros en la Feria de Jesús del Gran Poder de nuestra Capital, aunque de luto por el martirio que debe sufrir el pobre animal, agonizando todavía más antes de la muerte que clama.
Los consejos de Olmedo
Entre mis joyas más preciadas, que quiero dejar en herencia a mis nietos, están estos dos poemas de Consejos de nuestro más grande Prócer, el más grande Prócer latino-americano, no por gestas bélicas gloriosas, sino por su hombría de bien, por su integridad, por la rectitud de su vida, por sus procedimientos, por su preclara visión, y por su humildad de hombre grande de alma y de espíritu.
Para orgullo de todos los ecuatorianos, podemos asegurar con seguridad que Olmedo fue el primer visionario de nuestro país, pues desde que asumió el cargo de Presidente de la Junta de Guayaquil, creó la división defensora de Quito. Para él, la Real Audiencia de Quito, debía convertirse en la República de Quito, nombre mucho más lógico para nuestro País que el de una línea imaginaria.
José Joaquín de Olmedo
Olmedo nació el 20 de marzo de 1780. Hombre grande y magnánimo de una sensibilidad de alma que destaca por la pureza de sus sentimientos y por la rectitud de su vida. No hay palabras que alcancen a describir su grandeza. “A Dios Glorificador: Aquí yace el Dr. José Joaquín de Olmedo. Fue el Padre de la Patria. El ídolo del pueblo. Poseyó todos los talentos. Practicó todas las virtudes”, reza con toda razón y justicia su epitafio. El célebre cantor de Junín no fue sólo un eximio poeta, autor de quizás el más grande poema épico de la lengua castellana, que engrandeció al Libertador de cinco naciones. Fue un abogado extraordinario, representó brillantemente al Virreinato de Lima en las Cortes de Cádiz, donde con su famoso discurso sobre la supresión de las Mitas, logró que se aboliera esa Institución, y fue designado Secretario de la Corte de Cádiz hasta que fueron disueltas por Fernando VII, que lo persiguió. Fue además un político brillante, redactó la constitución de Guayaquil en 1820, reorganizó el ejército y colaboró con Sucre en el triunfo de Pichincha. Un Estadista de dimensiones gigantes, un hombre íntegro en toda la extensión de la palabra, amado por sus compatriotas por su generosidad, su defensa de la justicia y su entrega al bien de la Patria. ¿Pruebas? Olmedo es el ejemplo a seguir para cualquier persona que busque con desinterés y con deseo sincero, servir a la patria y a sus compatriotas con amor, y el bien y el progreso de la Patria. Cuando murió, en todas las ciudades del país se celebraron funerales en su honor. Tras la Independencia de Guayaquil, fue designado unánimemente Presidente. Fue luego el primer Vicepresidente del Ecuador, puesto al que renunció por su integridad y por discrepancias con el Presidente Flores. Fue Presidente de la Convención Nacional que redactó nuestra segunda Constitución, en época de Rocafuerte y fue parte del triunvirato que tomó el país tras el derrocamiento de Flores el 6 de marzo de 1845.
Sor Juana Inés de la Cruz
Pido perdón a los fieles seguidores de esta serie, por la falla de la semana pasada. Se traspapeló la poesía y por eso, se publicó dos días luego de la fecha. Siguiendo la línea de la semana pasada, tengo que poner a continuación la hermosa defensa de la mujer, hecha por Sor Juana Inés de la Cruz, en su redondilla.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (¿será descendiente del Marqués de Santillana?), nacida en Nepantla, Ciudad de México, México en 1651, fue una religiosa y escritora de la Nueva España del Siglo de Oro. Cultivó la poesía lírica, el autosacramental, el teatro y la prosa. Mujer de verso fácil y agradable. Por la importancia de su obra, recibió los sobrenombres de “la Fénix de América” y “la Décima Musa Mexicana”. Siendo de noble familia, a los 16 años (1667) ingresó a la vida religiosa a fin de consagrarse por completo a Dios y a la literatura. Su obra dramática incluye lo religioso y lo profano. Sus obras más brillantes en este género son “amor es más laberinto”, “Los empeños de una casa” y una serie de autos sacramentales diseñados para representarse en la Corte. Desde niña destacó por su afán de conocimiento. Se cuenta que en la escuela, si no aprendía bien una lección, cortaba un pedazo de su propio cabello. Siendo prohibido en su época que las mujeres fueran a la Universidad, intentó vanamente convencer a su madre que le permita estudiar vestida como hombre. A los ocho años ganó un libro por una loa compuesta en honor del Santísimo Sacramento.
Las abandonadas
Julio Cesto, nacido en Pontevedra, España en 1879, polígrafo y escritor español, viajó joven a México, que convirtió en su segunda patria y donde murió en 1960. Autor de varias novelas en algunas de las cuales relata la revolución mexicana de principios del siglo XX. Entre sus obras destacan la tórtola del Ajusco (1914), la Ciudad de los Palacios, (1917), la sangre de España (1937), La casa de las buganvillas (1947), Mamacita linda (1948), Cómo ardían los muertos, (1955) y La emperatriz morena (1957). También fue autor de guiones de película.
Entre sus poesías destaca esta triste descripción de las mujeres engañadas y abandonadas luego, que vale la pena recordar:
Los besos que yo te di
José Antonio Ochaita, conocido como el poeta de la Alcarria, poeta, escritor, rapsoda, nació en Jadraque, Guadalajara, España en 1905 y murió en Pastrana (Guadalajara) en 1973, mientras recitaba sus poemas en el atrio de la Colegiata. Cronista de la Ciudad de Guadalajara. Poeta de gran fuerza descriptiva, romántico. Estudió en Madrid en el Colegio de San Ildefonso y luego estudió Filosofía y letras en Salamanca, donde fue alumno de Don Miguel de Unamuno. Después continúa estudios en Galicia, donde conoce a Don Ramón María del Valle Inclán. Fue Profesor de gramática y redactor del “Faro de Vigo” en Santiago de Compostela.
Miembro de la Real Academia Gallega de las Buenas Letras, y de la de Sevilla. Conferenciante, ensayista, autor teatral, folklorista, y recitador brillante. Fue el principal precursor de la reconstrucción del Castillo del Cid. En teatro obtuvo muchos y justos éxitos con obras como «Cancela», «Doña Polisón», «La honrada», «María del Amor», «La macilenta», «La mala boda». Publicó libros de versos como «Turris Fortissima», «Desorden», «El Pomporé», «Ansí pintaba don Diego», «Poetización de Jaén». Muy conocidas son algunas poesías suyas como las tituladas «Los besos que yo te di», «Testamento de Amor», «Alcarria monda y lironda», «La fuente de la Alcachofa», «Poemas velazqueños», «Versos de Pastrana y su princesa», Romance del acabose, Los pecados capitales. Con Solano, Valerio, Rafael de León, Quintero y Quiroga fue autor de numerosas letras de famosísimas canciones. Descubridor de estrellas, como Manolo Escobar, Lolita Sevilla, Dolores Vargas, El Príncipe Gitano, Marisol Reyes, Marifé de Triana, Gracia Montes y Rocío Jurado.
Los motivos del Lobo
Félix Rubén García Sarmiento nació en 1867 en Metapa, hoy Darío en honor a él, Metagalpa, Nicaragua. Es el principal representante del modernismo literario español. Conocido como el Príncipe de las letras castellanas.
Aunque su padre era de apellido García, su familia paterna era conocida por generaciones como de apellido Darío. Vivió su primera infancia en León con sus tíos abuelos materos de apellido Sarmiento a quienes consideró sus verdaderos padres, tanto que en la Escuela se llegó a firmar como Félix Rubén Sarmiento. Fue alumno de los Jesuitas. Tuvo muy poco contacto con su padre, a quien llamaba Tío Manuel y con su madre, quien después de su separación definitiva con su padre se fue a vivir con su nueva pareja en Honduras.
Flor de un día
Antonio Plaza Llamas, poeta mexicano nacido en Apaseo el Grande, Estado de Guanajuato, México en 1833, abogado, militar, político liberal y periodista, es un poeta de reconocidas dotes. Juan de Dios Peza, que aunque 19 años menor fue su amigo, nos revela en su biografía esta frase que lo describe: “Muchas veces me reveló que no obedecía a preceptos de escuela; que nunca pudo nutrir su espíritu con la lectura de los grandes maestros y que a semejanza de las aves, cantaba porque sentía la necesidad de cantar.”
Esgrimió la pluma del periodista defendiendo las nuevas ideas liberales escribiendo en “El horóscopo”, “La idea”, “El Constitucional”, La luz de los Libres” y muchos otros diarios, encendiendo el fuego de la libertad.
Breve diseño de las Ciudades de Quito y Guayaquil
Juan Bautista Aguirre fue un Sacerdote Jesuita, nacido en Daule, Guayas, Ecuador en 1725. Hijo del Capitán de milicias Carlos Aguirre Ponce de Solís y de Teresa Carbo Cerezo, ambos guayaquileños. Estudió y vivió 30 años en Quito. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1758. Insigne poeta, orador y Profesor en la Universidad de San Gregorio Magno en Quito. En 1767 salió del Ecuador hacia Faenza, lugar de confinamiento para los Jesuitas quiteños, cuando fueron expulsados de Hispanoamérica y murió en Tívoli, Italia en 1786. Fue famoso en su época por su oratoria y su erudición.
Extinguida la Orden de los Jesuitas por la bula Dominus ac Redemptor de Clemente XIV (1773), Aguirre anduvo por varios lugares de Italia, hasta que fijó en Roma su residencia, bajo el pontificado de Pío VI, donde “los eminentísimos cardenales le buscaban como a teólogo y muchos de éstos se servían de su opinión en las congregaciones del Santo Oficio y de Propaganda Fide: de suerte que para satisfacer a la solicitud de todos, jamás salía de su casa por la mañana.”