Este desgobierno y la cabeza que lidera nuestro rumbo indefinido, nos tienen acostumbrados a que cada vez que se les descubre un acto de corrupción, el propio mandatario sale a dar la cara y con unos cuantos gritos y algunas órdenes impartidas de tipo transitorias, todo queda en nada y con esa cortina cómplice propiciada desde arriba, la robolución ciudadana se ha convertido en uno de los más corruptos ejercicios del poder.
La receta es bastante simple: Al escándalo denunciado le sigue una rueda de prensa, luego en la misma se habla de las manos limpias y los corazones ardientes. Luego el líder respalda incondicionalmente al acusado y ordena a los subalternos para que investiguen sabiendo que por su condición de dependencia, jamás lo harán.


