Siempre se creyó que la mayoría de los líderes destacados de la historia habían nacido con condiciones especiales en sus genes, en su personalidad, que estaban predestinados por los dioses para destacarse y dirigir con éxito sus pueblos, sus tropas, sus organizaciones o sus diversos emprendimientos.

Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, en la historia universal; Bolívar, Alfaro, Velasco, en la historia nacional. Hoy, diversos estudios y consultorías de las ciencias de administración han demostrado en las últimas décadas que, en el ejercicio de liderazgos positivos, además de emplear habilidades innatas de los individuos, estas pueden ser adquiridas o se desarrollan con la práctica, con el estudio, con el ejemplo y la modificación consciente de la conducta, del carácter y del estilo más apropiado de dirección.

Las empresas, a su vez, invierten cada vez mayor cantidad de recursos y dedican sus esfuerzos en influir en sus ejecutivos y personal clave para que desarrollen modelos de liderazgo positivo y logren mejores resultados en sus organizaciones. La consultora Mercer, de un estudio realizado en 2010, identificó 11 características negativas de comportamiento que se deben evitar, disminuir o corregir; entre ellas, las más importantes, pretender ser el centro de toda reunión, la arrogancia o el exceso de confianza que provoca rigidez en los puntos de vista de ciertos jefes convencidos que lo saben todo o mejor.

La firma Profiles Internacional analizo 50 corporaciones, de las más exitosas, y determino que el nivel de compromiso e identificación de su personal con los objetivos de las empresas mostraba una alta correlación con los buenos o malos resultados financieros de la mayoría de las organizaciones. De sus observaciones, resultó una nueva publicación sobre liderazgo carismático que determina que cualquier persona puede transformar su estilo de dirección si adopta ciertas pautas de comportamiento claves.

El objetivo debe ser transformarse en líder empático, centrado, objetivo, comunicativo, confiado, tranquilo. Modificar el lenguaje corporal, brindar confianza, caminar erguido, mirar de frente; la forma franca de sonreír, de gesticular, de saludar, influye e incide en la generación de emociones positivas.

Mejorar el clima laboral, el ambiente de trabajo, la actitud de formar parte y trabajar en equipo, comunicarse asertivamente, inspirar a los demás con su visión, mostrar una actitud positiva, entusiasta, segura de sí mismo, de la realidad, de los objetivos o resultados a conseguir. Reconocer continuamente los logros de los demás, del equipo, de la organización, creer y confiar en sus colaboradores, son factores y comportamientos que, con seguridad, influyen positivamente, motivan e inspiran a los demás.

El mejor líder es aquel coach que logra lo mejor de su organización y de sus colaboradores, los hace sentir orgullosos ejecutores de sus propias realizaciones. El que menos se jacta, logra mucho más; hacer y desaparecer.

Tomado de http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/coaching-486441.html